América latina

Venezuela recurre de nuevo a las medidas de control cambiario

La grave crisis económica y financiera agravada como consecuencia de la huelga nacional en la que está sumida Venezuela desde el pasado 2 de diciembre ha forzado medidas de carácter extraordinario, como la implantación de controles en el mercado cambiario. Venezuela no es novel en el establecimiento de este tipo de medidas, las que en el pasado han mostrado ser ineficientes, propiciando a largo plazo distorsiones en el resto de la economía con agresivos aumentos en los precios y promoviendo la creación de un mercado negro de divisas.

Esta vez, al parecer, se pretende establecer dos etapas al control de cambios. En la primera todos los ingresos de divisas serán vendidos al Banco Central y toda la compraventa de divisas estará regulada. En una segunda etapa el control se hará más flexible y se establecerá un sistema dual con un impuesto a la compra de divisas. En cualquier caso, existirá un control más o menos rígido y sus consecuencias no tardarán en hacerse notar.

El control se implantaría con la intención de frenar la caída de reservas internacionales, ensordecer los rumores de un impago de la deuda externa y bajar los tipos de interés para estimular la economía. La agresiva intervención del Banco Central para frenar la caída del bolívar ha llevado a un descenso del 13% del stock de reservas desde el 2 de diciembre. Así todo, el bolívar se ha depreciado en un 30% desde esa fecha, cerrando a 1.853 en su última sesión, la semana pasada. Se prevé que se fije un tipo fijo entre 1.500 y 1.859 bolívares por dólar.

La percepción de riesgo de incumplimiento de los compromisos de deuda ha escalado, como se puede constatar, en aumento del diferencial de las referencias venezolanas frente a los bonos soberanos del tesoro americano hasta los 1.493 puntos. Con estas medidas puede que Venezuela muestre a los tenedores de bonos de deuda su voluntad de continuar honrando sus obligaciones. En cuanto a la bajada de los tipos de interés, podría conseguirse, pero sólo si el tipo de cambio se fija a un nivel suficientemente alto como para desestimar mayores devaluaciones cambiarias en el futuro.

La situación fiscal de Venezuela es tremendamente frágil, fruto de la merma en la capacidad de producción de petróleo de un 90% -las ventas de petróleo aportaban el pasado año un 43% de ingresos al Estado- y la caída en la actividad económica -se estima que podría llegar a caer hasta un 20% en 2003-.

En este escenario, el control cambiario puede frenar la caída de reservas internacionales en el corto plazo, pero no restaurará el equilibrio si no es complementado con medidas enérgicas en el frente fiscal como el recorte del gasto o la prórroga de fuentes extraordinarias de ingresos como el recientemente instaurado impuesto al débito financiero. Hoy por hoy, las nuevas reglas del juego para las operaciones con divisas no ofrecen un panorama alentador, en tanto no haya solución a la crisis política y económica en la que está sumido el país.

También está por ver el aspecto legal del control cambiario tal y como se ha expuesto. Las autoridades han ordenado el cierre del mercado hasta el 5 de febrero, mientras continúan estudiando las medidas de control. Sin embargo, si nos ceñimos a la ley, habrá que esperar más tiempo para la implementación del nuevo régimen cambiario, ya que en el año 2000 una resolución del Tribunal Supremo estableció que el Gobierno no tiene potestad para imponer controles de cambio sin previa aprobación de la Asamblea Nacional, lo cual llevaría, cuando menos, tiempo y la consecución de votos para su aprobación.