Crisis de confianza

Fourtou se marca como objetivo prioritario sanear las finanzas de Vivendi

Los inversores no recibieron ayer a Fourtou, en su calidad de nuevo presidente de Vivendi Universal, con especial euforia. El hecho reconocido ya por el propio Jean René Fourtou de que la situación de la multinacional es difícil, sobre todo en lo que respecta a su situación de liquidez a corto plazo, bastó para que el valor de la acción subiera únicamente un 5,5%, porcentaje que cabe calificar de muy modesto cuando se contempla a la luz de que la acción cayó un 47,7% sólo en las dos últimas sesiones.

Con el claro objetivo de alejar las dudas, Vivendi Universal emitió ayer un comunicado dando cuenta precisa de su situación de tesorería prevista hasta final de año. Aunque aclaró que ha iniciado ya conversaciones con sus principales bancos acreedores con el objetivo de obtener nuevas líneas de crédito para eliminar la incertidumbre, confirmada por el mismo Fourtou, en el sentido que de 'la posición de tesorería de la empresa es tensa'.

Vivendi precisó ayer que dispone de 1.200 millones de euros en metálico y 1.600 millones de euros en líneas de crédito no dispuestas. Por contra, tiene que hacer frente antes de finales de julio a pagos por un importe global de 1.800 millones de euros.

Las conversaciones con los bancos, centradas principalmente con sus primeros acreedores BNP Paribas y Société Générale, son imprescindibles para que la confianza en la empresa no se quiebre definitivamente. 'El nombramiento de Fourtou y el hecho que una vez destituido Messier los bancos hayan decidido sentarse a negociar un acuerdo de refinanciación son elementos suficientes para confiar en una estabilización rápida de la compañía', indicaba ayer un analista francés. 'Los bancos franceses deberían ser los primeros interesados en apoyar ahora a Vivendi Universal, ya que tienen mucho dinero invertido en la empresa', opinaban fuentes cercanas a la compañía.

Soluciones

Fourtou aseguró que trabajando de acuerdo con el consejo de administración 'encontraremos soluciones para la compañía'. 'De hecho', explicó, 'ahora mismo veo posibilidades para solucionar los problemas'.

Ayer mismo, el nuevo presidente se dirigió a la plantilla de la compañía explicando que tendrá ultimado un plan de reestructuración financiera el próximo mes de septiembre. El directivo explicó que la situación de la empresa era 'difícil', pero se mostró 'completamente confiado' en su futuro, afirmando que 'las cosas estaban peor en Rhone-Poulenc', donde él fue presidente.

En paralelo a la preocupación por el músculo financiero real de la empresa, ayer se comenzaron a levantar todo tipo de especulaciones sobre el destino que la compañía dará a su grupo de filiales.

El reconocimiento, incluido en el comunicado de Vivendi Universal, de que el valor de la compañía más el de sus participadas es netamente superior al volumen de la deuda total hizo que de inmediato se comenzará a especular sobre el destino natural de todas las filiales.

Los analistas se inclinaban por una segregación de los activos de medios de comunicación en Estados Unidos o por la venta directa del grupo Canal + y la desinversión en las participaciones en telefonía móvil.

La evidencia de que Vivendi deberá vender alguna de sus joyas no es contemplada con tanta naturalidad por el Gobierno francés. Ayer, el ministro galo de Cultura y Comunicación, Jean-Jacques Aillagon, se declaró 'preocupado' por el eventual desmantelamiento de Vivendi y el futuro de su televisión de pago Canal+.

'Este ministerio no puede estar indiferente a los riesgos' que podrían afectar al grupo y su eventual 'desmantelamiento', indicó Aillagon, al recordar que Vivendi está presente en la prensa, el cine, la edición y la televisión, que son un elemento 'esencial' del patrimonio nacional.

Venta de activos por valor de 20.000 millones

La evidencia de que Vivendi Universal no podrá salir de esta crisis con su actual estructura de filiales y participadas intacta va a provocar una auténtica avalancha de ofertas ante la sede social de la compañía en París. Ayer, los analistas estimaban que Jean-René Fourtou tendrá que vender por lo menos activos por un valor global de 20.000 millones de euros para poder hacer frente a la deuda acumulada por la compañía en sus años de expansión. Este proceso de desinversiones beneficiará sin duda en primer lugar a los bancos de negocios, que ya cobraron sustanciosas comisiones por asesorar a Vivendi Universal en sus compras, y, en segundo plano, será una clara oportunidad para empresas competidoras de la multinacional francesa de adquirir empresas con precios a la baja. Entre estas compañías que ya han desvelado su interés por la compra de algunas de las empresas controladas por Vivendi se encuentran los grupos británicos Vodafone y BSkyB y el francés Lagardere. El problema de las ventas que ahora tendrá que afrontar el equipo de Fourtou es que la urgencia por hacerlas y el momento en el que las debe hacer provocarán que se destruya mucho valor. 'Son activos comprados a precios muy altos que ahora no cuestan tanto. La ironía es que el nuevo equipo directivo se va a convertir en un enorme destructor de valor en poco tiempo', aseguran los expertos. De hecho, Vivendi ya se ha visto obligada a tirar los precios para poder vender empresas. Tuvo que recortar un 50% el precio de la división de publicaciones que vendió en abril y rebajó un 10% el precio de la filial de televisión de pago noruega.