Crisis de confianza

Vivendi se desploma en Bolsa por la sospecha de que cometió fraude contable

Dos acontecimientos hicieron que las dudas de los analistas volvieran a cebarse con las acciones de Vivendi Universal. Por un lado, la agencia de calificación Moody's recortó la calificación de la deuda del grupo francés a BA1, el más alto nivel dentro de la consideración de basura. Moody's reflejó su preocupación sobre la liquidez de la compañía y dijo que estaba preocupada por la capacidad de Vivendi para recortar y refinanciar su deuda actual en los próximos 12 meses.

Pero la gota que terminó por derramar la paciencia de los accionistas y que provocó la desbandada vendedora fue una información publicada ayer por el periódico francés Le Monde en la que se detallaban las dudas sobre el tratamiento contable que la empresa dio a la venta de su participación en el grupo británico BSkyB en octubre de 2001, a través de complejas operaciones de compraventa a varias empresas británicas.

Vivendi Universal se vio obligada a vender estas acciones a requerimiento de la Comisión Europea como condicionante de la luz verde a la operación de compra de Seagram y Canal+.

Según el diario, la compañía tuvo que negociar entonces con la autoridad bursátil francesa y con la estadounidense sobre la forma en la que incorporaba esta venta de 400 millones de títulos de BSkyB a sus estados contables.

La negociación no era un tema menor, ya que el tema entraba de lleno en la cuestión de la sobrevaloración de las participaciones accionariales de Vivendi Universal. Si la venta no se consolidaba, la compañía reduciría sus beneficios únicamente en 1.500 millones de euros e incrementaría su endeudamiento. Por el contrario, si la contabilización de la compraventa se hacía reflejando el precio real del mercado, el grupo hubiera entrado por primera vez en pérdidas, con lo que eso hubiera supuesto de convulsión para los mercados financieros.

Desmentido

Vivendi Universal emitió ayer un comunicado en el que desmentía que las autoridades bursátiles francesas le hubieran obligado a modificar sus cuentas a raíz de este caso. La compañía insistió en que la contabilización de la operación se había hecho siempre siguiendo estrictamente los criterios contables franceses y estadounidense, y siempre asesorado por su auditor el grupo Andersen.

A pesar del desmentido, la valoración de las acciones de la empresa francesa entraron en caída libre. Llegaron a caer hasta un 40% hasta el punto que los vigilantes del mercado francés tuvieron que suspender la cotización. Tras la reanudación, y ya al cierre, los títulos de la compañía perdieron un 25,5%, situándose en 17,8 euros.

En medio de esta enorme convulsión, Jean-Marie Messier se vio obligado a dejar claro las razones que le obligarán hoy a presentar su dimisión al consejo de administración de la compañía.

En una entrevista con el diario Le Figaro, Messier defiende que abandona Vivendi por la imposibilidad de manejar la gestión con un consejo dividido.

'Me voy para que Vivendi Universal permanezca', declara Messier, quien espera que su partida evite el desmantelamiento del grupo.

El consejo de administración de Vivendi Universal se reunirá hoy por la tarde para elegir un sucesor interino y el nombre que más suena es el de Jean-René Fourtou, vicepresidente del Consejo de vigilancia del grupo farmacéutico Aventis.

'He decidido poner mi mandato a disposición del consejo de administración esta semana, a pesar del apoyo que éste me aportó hace ocho días', explica Messier en el rotativo parisiense.

'La razón es sencilla. Moldeé este grupo con mi equipo. Lo amo con pasión. Pero hay una verdad insoslayable. No se dirige una empresa con un consejo dividido. Soy un presidente responsable', declara.

Messier expresa su esperanza de que los mercados financieros den a su sucesor 'lo que a mí no me han dado: un poco de tiempo para actuar en la serenidad' y, por otra parte, que el consejo de administración y las autoridades no deshagan ese resultado 'extraordinario' que supone que una empresa francesa se haya convertido en 'líder mundial' de la música y del cine.

En sus declaraciones, vaticina que con su salida la cotización del grupo va a volver a subir 'de forma duradera'. Los mercados van a reaccionar 'no sólo por el fin de las disensiones', sino también 'por el fin de ciertas manipulaciones', incluidas las de 'ciertos' accionistas, cuyo efecto ha sido el de 'torpedear la empresa, su estrategia y su cotización', afirma.

Messier está convencido de que sus sucesores, tanto en la presidencia como en la dirección operativa del grupo, sólo pueden ser franceses. 'He aceptado dimitir porque tengo la convicción de que lo serán', sostiene.

Admite pocos errores: su 'excesiva' mediatización, el no haber retomado suficientemente el control de la explotación operacional del grupo de televisión Canal+ y 'el haber hecho demasiado y demasiado deprisa', lo que ha producido un nivel de deuda 'excesivamente importante a corto plazo'.

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