Crisis de confianza

Messier negocia su salida de Vivendi tras ser forzado a dimitir

Jean-Marie Messier, presidente de Vivendi Universal, se quedó ayer prácticamente con la única alternativa de decidir el momento en el que oficialmente hará pública su dimisión. Fuentes próximas al grupo sostenían ayer que 'es cuestión de horas'. Esas fuentes aseguraban que la decisión se puede adoptar en un consejo que se celebra hoy en París.

Messier perdió a lo largo del pasado fin de semana los escasos apoyos que aún le quedaban dentro y fuera de la compañía. El mensaje más claro le llegó de parte de varios de los consejeros europeos de la sociedad, que, en una reunión informal el pasado domingo, decidieron exigir a Messier que dimitiera por las buenas, a fin de detener el deterioro de imagen y bursátil que vive la compañía, o, en caso contrario, convocarían un consejo extraordinario que le obligaría a marcharse por las malas.

Incluso el diario francés Le Monde informaba ayer que Messier había decidido ya dimitir. Sin embargo, al cierre de esta edición aún no lo había hecho, ya que, según medios cercanos a la empresa francesa, se encontraba negociando su indemnización.

Esas fuentes aseguraban que el todavía presidente había exigido total seguridad de que la compañía no interpusiera después de su marcha acciones judiciales contra él.

Ayer la compañía se debatió durante todo el día en continuos cruces de declaraciones sobre el alcance real de la crisis y sobre el futuro sustituto. El mercado despejaba de inmediato cualquier duda sobre la idoneidad de forzar un cambio en la gestión tras hacer subir el valor de la acción un 9,23%. Respecto al sustituto, todas las quinielas apuntaba a que el nuevo presidente de la compañía será Jean-Rene Fourtou, actual vicepresidente del consejo de vigilancia de Aventis.

Los medios citados aseguran que ya en el consejo de administración que la empresa celebró a mediados de la pasada semana los grandes accionistas estadounidenses de la compañía, encabezados por la familia Bronfman, antigua propietaria del grupo Universal y propietaria de un 5,3% de Vivendi Universal, exigieron abiertamente la sustitución de Messier. Pero en ese momento, los consejeros europeos decidieron no apoyar la petición.

La causa principal del descontento con la gestión de Messier es el catastrófico comportamiento de la acción. El enorme endeudamiento que la compañía soporta, tras unos años de una agresiva política de expansión en medios de comunicación y ocio en la que ha invertido 100.000 millones de euros, provoca que la acción esté en los niveles más bajos de los últimos años y que la compañía haya arrojado pérdidas récord el pasado año. De hecho, desde el 1 de enero los títulos han perdido un 64% del valor y sólo en el último mes han caído un 35%.

Ayer mismo se comenzó a filtrar el que aparentemente es el encargo de los accionistas al nuevo gestor. La fórmula mágica para devolver cierto esplendor a la acción es trocear la empresa. Los analistas aventuran que el grupo Canal+ será vendido a inversores franceses, mientras que los negocios estadounidenses (música y cine, principalmente) serán adquiridos por un grupo de inversores agrupados de nuevo en torno a la familia Bronfman.

Tras la partición, el grupo quedaría constituido por la filial de agua y saneamiento, Vivendi Environnement, y el operador de telefonía móvil Cegetel.

De alguna forma la suerte de Messier quedó echada el pasado mes de mayo cuando el consejo de administración forzó un cambio radical en la estructura de gestión de la sociedad, nombrando una comisión ejecutiva por encima de Messier. Esta comisión esta formada por Edgard Bronfman, anterior presidente de Seagram Universal, y Marc Viénot. Esta comisión era un ataque en toda regla a la independencia que Messier había esgrimido siempre en el seno del grupo.

Jean-René Fourtou, un ejecutivo de larga carrera en farmacia, previsible sucesor

Si se cumplen los augurios de la prensa francesa, Jean-René Fourtou va a recibir un regalo de cumpleaños que quizá nunca imaginó: la dirección del segundo grupo de comunicación del mundo. El artífice, junto con el alemán Jürgen Dormann, de la creación en 1999 de Aventis -una de las principales compañías farmacéuticas mundiales- cumplió 63 años el pasado día 20, y, si finalmente sucede a Messier, dará un audaz paso en una carrera que desde 1986 se ha desarrollado en el mundo de la química y la farmacia. Fourtou sabe lo que es el poder. Tras 15 años en la consultora Bossard, en 1986 accedió a la presidencia del grupo químico Rhône-Poulenc, conglomerado que transformó profundamente, hasta que en 1999 lo fusionó con la alemana Hoechst, que encabezaba Dormann. Tras la unión fue nombrado vicepresidente del consejo de administración de Aventis, cargo que dejó el pasado mayo para ocupar la vicepresidencia del consejo de vigilancia de la compañía. Amante del golf y acostumbrado a los cruces de culturas, este licenciado de la elitista Escuela Politécnica sabe moverse en los círculos políticos. En 1993 condujo con éxito la privatización de Rhône-Poulenc.

Restablecer la confianza, objetivo prioritario a corto plazo

Vivendi Universal necesita tomar medidas que restablezcan de forma inmediata la confianza de sus accionistas. La compañía había comenzado a cotizar ya con enormes alzas ante cualquier noticia negativa sobre el futuro de Messier al frente de la empresa y con bajadas no menos espectaculares ante cualquier atisbo que supusiera o dejase entrever la continuidad del presidente. 'Messier ya no inspiraba ninguna confianza en sus accionistas, y eso es una noticia muy grave para una empresa', aseguraba ayer un analista francés. Cierre de ciclo La compañía cierra un ciclo con un precio por acción de 23,9 euros después de que Messier recibiera una empresa con un título situado en 27,64 euros y haber logrado que, en plena burbuja de la nueva economía, alcanzase unos picos de 140 euros. Su herencia en la compañía esta envenenada, independientemente de que finalmente sea Jean-René Fourtou el encargado de asumir la presidencia de la empresa, el nuevo presidente tendrá que lidiar con una enorme cantidad de intereses políticos y económicos que se mueven alrededor de la mayor empresa francesa y segunda del mundo de medios de comunicación. Según una definición que ayer circuló entre los analistas que siguen el valor, el nuevo primer ejecutivo 'debe ser francés; tener amplios contactos y saber manejarse entre los corredores del poder en Francia; tener sobrados conocimientos de cine, televisión y editoriales; hablar perfectamente inglés y estar dispuesto a viajar entre París, Nueva York y Los Ángeles dos veces al mes'. más información en las Páginas 52 y 53