Cambios en el SCH

La saga Botín controla tres de los seis primeros bancos españoles

Los Botín se han convertido en los últimos años en los principales banqueros de España y en una de las familias más importantes del mundo.

La saga Botín se ha convertido en los últimos años en la más poderosa de las familias banqueras españolas de la historia. En sus manos están tres de los seis principales bancos del país: el Santander Central Hispano, primer banco español y latinoamericano; Banesto, que es el cuarto del país por activos y con aspiraciones a convertirse en el tercero por beneficios (objetivo que se ha marcado Emilio Botín), y Bankinter, el sexto banco del mercado doméstico.

Aunque Bankinter es el único que no está incluido en el grupo Santander Central Hispano, el dominio de la familia Botín, tanto en su accionariado como en su cúpula, es decisivo. No en vano Jaime Botín es presidente ejecutivo de este banco y Emilio Botín es vicepresidente, cargos que se invierten en el Santander Central Hispano.

De esta manera, el poder de la familia Botín en el panorama bancario español es indudable y ha provocado en alguna ocasión ciertos recelos en el sector, sobre todo por parte del antiguo equipo del desaparecido BCH.

En los años ochenta, el Banco Santander era el séptimo de los grandes, y pocos preveían que en menos de 20 años esta familia cántabra colocase a este banco como uno de los más importantes del mundo, con un peso en Latinoamérica difícilmente superable.

Sólo la salida de Ana Patricia Botín en febrero de 1999 (un mes después de firmarse la fusión del Santander Central Hispano), la crisis Argentina y Patagon (proyecto en Internet que sufrirá en los próximas semanas algunas variaciones) han ensombrecido temporalmente el poder de los Botín.

Pero Emilio Botín logró ayer sacarse la espina de su hija Ana Patricia. Tres años después de que Ana P. (como la llaman en el banco) abandonara los cargos directivos en el SCH, vuelve para seguir la línea sucesoria de los Botín en el Santander, el banco que ha logrado recuperar la llama y el color rojo, símbolo histórico de este pequeño banco familiar, que se ha convertido en el primero de España.

Pero es muy posible que antes de que suceda esto su padre cambie los estatutos del banco para ampliar su mandato como presidente único hasta los 75 años. En los estatutos de fusión se fijó su jubilación para el año 2007, cuando Botín cumplirá 70 años de edad.

El terreno ya está abonado. El 16 de agosto Botín consiguió que José María Amusátegui abandonara anticipadamente la copresidencia del banco, el 14 de enero eliminó de un plumazo a la mayoría de consejeros díscolos y, ayer, el consejo de administración del SCH aceptó la salida de Ángel Corcóstegui.

Un mago en fusiones

G.S.V.

Ángel Corcóstegui Guraya, el "diamante fino" de la banca española -según la definición el ex copresidente del BSCH José María Amusátegui- esconde bajo su afabilidad una "brillante habilidad" para la gestión bancaria, la digestión de las fusiones y el rescate de entidades en problemas, según sus colaboradores. Bilbaíno de 50 años, casado y con dos hijos, Corcóstegui formó parte, junto a su sustituto Alfredo Sáenz y Francisco Luzón, del equipo del fallecido presidente del Banco Vizcaya, Pedro Toledo. Ingeniero de Caminos, el dimitido directivo se formó para las finanzas en EE UU, donde, además, ejerció como profesor de Economía y ejecutivo en diversas entidades. De vuelta en España, negoció con Pedro Toledo la fusión con el Banco de Bilbao y ocupó un puesto importante en la ejecutiva del nuevo banco. Y allí se mantuvo tras la muerte del presidente en 1989, la guerra por la sucesión y el nombramiento de Emilio Ybarra como máximo directivo. En 1994, con el beneplácito de Ybarra, Corcóstegui fue nombrado consejero delegado del recién fusionado BCH a requerimiento de Amusátegui. Su gestión y la intervención del Banco de España salvaron de la quiebra a un banco sumido en el caos. Su última fusión, por el momento, unió su camino al de Emilio Botín, un banquero acostumbrado al poder ejecutivo. La relación entre ambos nunca fue fácil, y tras la marcha de Amusátegui, la dilución del peso específico de Corcóstegui en favor de Botín precipitó su marcha.

Un gestor experto en reflotar bancos

S.R.A.

Frío y calculador, según sus rivales. Un excelente gestor, según sus colaboradores. Pero todos coinciden en un calificativo: ante todo, tenaz. Alfredo Sáenz, vizcaíno (nació en Las Arenas), de 59 años, lleva 21 en el mundo de la banca, del que conoce bien los entresijos. No en vano ha estado en las dos orillas, el BBV y el SCH. "Quiero que te vengas, pero todavía no sé de qué", le dijo el fallecido Pedro Toledo. Así le convenció para que abandonara el sector industrial (Tubacex, Altos Hornos de Vizcaya) por el Banco Vizcaya. Su labor más llamativa ha sido la de restaurador de dos sonoros agujeros bancarios: el de Banca Catalana, en 1983, y el de Banesto, en 1994. No olvidará fácilmente la primera junta de Banca Catalana, boicoteada por enardecidos accionistas que alternaban los insultos con estrofas de Els Segadors. Pero en dos años cerró la crisis. Fue un ensayo. Después asumió las riendas de un destrozado Banesto que había que sanear. Siete años después, la entidad (filial del SCH) presenta una limpia y brillante cuenta de resultados (421 millones de euros de beneficio en 2001, un 11,1% más). El saneamiento se ha hecho a golpe de tijera, sobre todo de plantilla. Desde 1994 ha recortado el número de empleados desde 24.000 a los 9.921 actuales, casi un 60%, y un 30% las oficinas, que han pasado de 2.339 a 1.656. Por eso, en su nuevo puesto de consejero delegado le precede una cierta fama de cortacabezas.