Cambios en el SCH

Los dos grandes bancos recuperan el esquema tradicional de poder

Las fusiones se cierran con un esquema de poder similar en el BBVA y en el SCH, donde se acaba la presidencia bicéfala y se recupera la figura de presidente único, más ejecutivo, que resta influencia al consejero delegado. En el camino se quedan cuatro de los personajes clave de la historia financiera reciente: Emilio Ybarra, José María Amusátegui, Pedro Luis Uriarte y Ángel Corcóstegui. Los cuatro han sido artífices de unas fusiones de las que apenas han podido saborear los frutos.

Los dos grandes bancos españoles han puesto fin, parece que ahora sí que definitivamente, a una de sus etapas más difíciles, la de la fusiones.

Con más o menos ruido, ambos grupos han decidido adelantar el final de los periodos transitorios. Los dos asumieron las copresidencias como el mejor instrumento para pilotar la fusión. Y con cierta sensación de experiencia frustrada, en ambos se ha producido la salida del copresidente antes de lo pactado en los protocolos de fusión. Seis meses antes en el caso del Santander Central Hispano, José María Amusátegui, y tres meses antes de lo previsto en el caso del BBVA, Emilio Ybarra, quien, además, abandonó su puesto en el consejo cinco años antes de lo acordado.

En el camino se quedaron también los consejeros delegados, Ángel Corcóstegui y Pedro Luis Uriarte. Ninguno de los dos va a poder recoger los frutos de una fusión en la que han sido principales artífices.

Toda unión entre entidades tiene tres fases: ajuste, definición y despegue, según explicaba el propio Corcóstegui hace años. Tanto Uriarte como él mismo vivieron de lleno la etapa del ajuste, se han quedado en la definición, y no estarán en el banco ahora que las fusiones están a punto del despegue, a pesar de que se asiste a un momento delicado desde el punto de vista del negocio, de los márgenes y por la situación en Argentina.

Chispas y choques

Ha sido al tratar de definir el esquema de poder en los dos grandes grupos españoles cuando han saltado las chispas y se han reactivado los resentimientos personales entre los distintos bandos.

El choque ha sido mucho mayor en el SCH. La síntesis de dos culturas mucho más arraigadas (la del Santander y la del Central Hispano) ha sido desde el principio mucho más difícil que en el BBVA. En éste se impuso claramente la del más grande, aunque paradójicamente sea ahora Francisco González, procedente de Argentaria, el presidente único. De hecho, es el primer presidente no vasco del banco.

Pero González no parecía dispuesto a mantener la buena sintonía y el equilibrio del tándem Ybarra-Uriarte (ambos de BBV). La pérdida de influencia y autonomía de acción de Pedro Luis Uriarte en el banco estaba cantada en el momento en el que González accediese a la presidencia única, motivo que, sin duda, le llevó a marcharse del banco cuando, de acuerdo con los pactos de fusión, podría haber seguido como vicepresidente y consejero delegado hasta 2005.

Ángel Corcóstegui ha soportado durante algunos meses como número dos del Santander Central Hispano una convivencia complicada con Emilio Botín, que actúa, a juicio de muchos analistas, 'de una manera excesivamente autoritaria, como si el banco fuera suyo y no de los accionistas'. 'Algo que podría hacer que se resintiera aún más el valor', según comentan.

Antes de marcharse, José María Amusátegui trató de reforzar las funciones en el grupo del consejero delegado y su hombre de confianza, Ángel Corcóstegui, consciente del gusto de Botín por el ordeno y mando. Eso hizo que su salida del SCH fuera mucho más ruidosa que la salida de Ybarra del BBVA.

El consejo manda

El antiguo presidente del BCH llegó incluso a plantear un conflicto jurídico, pero al final la crisis se cerró y Botín ganó la partida.

La relación de fuerzas en el consejo de administración mandaba a favor de Botín, que ha seguido acumulando poder desde el abandono de Amusátegui, después de que otros cuatro consejeros procedentes del BCH dejaran el consejo a principios de año. En todo este tiempo, todos los ojos estaban puestos en Ángel Corcóstegui, de quienes muchos auguraban su marcha desde el momento mismo en que finalizó la presidencia bicéfala.

Fue, sin embargo, un hombre clave para apaciguar los ánimos en los momentos de máxima tensión en la entidad, afrontando casi como un reto el hacerse compatible con un presidente ejecutivo que invadía continuamente sus funciones.

En la convención de directivos del año pasado ya se interpretó que la queja de Botín de que no se hubiesen aprovechado lo suficiente las ventajas de la fusión era un tirón de orejas en toda regla a Ángel Corcóstegui, el responsable hasta hace poco de aplicar las tijeras en el grupo que ahora deja.

Ana Patricia Botín 0'Shea y Jaime Botín

P.C / S.R.A.

Es la principal candidata a perpetuar la saga en la presidencia del Santander. La mayor de los cinco hijos de Emilio Botín y Paloma O§Shea fue la primera víctima de la fusión del Santander con el Central Hispano. Su retirada de todos cargos ejecutivos en el banco fue una auténtica revolución. La familia Botín sacrificaba parte de su poder en aras de ser los primeros banqueros de España y uno de los bancos de referencia en Europa. El detonante de su marcha, en febrero de 1999, fue un reportaje de El País en el que Ana P, como la llamaban en el banco, aparecía como heredera al trono. El controvertido reportaje, titulado La mujer más poderosa de España, hirió profundamente la susceptibilidad de la cúpula del BCH, en plena fusión con el Banco Santander. Fue entonces cuando Botín decidió pedir a su hija que abandonara su cargo en el banco, aunque siguió siendo consejera y miembro de la comisión ejecutiva. Hay quien interpreta que casi le hizo un favor, retirándola a tiempo de una carrera que le habría producido un inevitable desgaste. Ahora, Ana Patricia hereda un Banesto totalmente saneado y convertido en el cuarto banco del país (obtuvo 421,7 millones de euros de beneficio en 2001, un 11,1% más). Y afronta un difícil reto, que ya le ha impuesto su padre: arrebatarle al tercer puesto al banco de los hermanos Valls, el Popular, que ganó el año pasado 565 millones, con un considerable crecimiento, un 15,2%. Mientras, su tío, Jaime Botín, se refuerza como valedor de la saga. El presidente de Bankinter abandonó en enero la comisión ejecutiva del SCH, una antigua reivindicación del equipo del BCH. Pero no fue una concesión, sino un paso atrás para coger impulso y escalar a un puesto mayor, de la vicepresidencia segunda a la primera. Aumenta así el poder de la familia en el primer banco español.