Máquina de radioterapia.
Máquina de radioterapia.

Radioterapia: una inversión con futuro

La crisis económica ha dejado una carencia de equipos y de profesionales que hay que resolver

Decía Miguel de Unamuno que “el progreso consiste en renovarse”. Un progreso que se ha traducido, en el campo de la lucha contra el cáncer, en el desarrollo de dispositivos, sistemas y equipos innovadores de radioterapia, que son una potente arma para mejorar la supervivencia y la calidad de vida de los enfermos con cáncer. Se trata de herramientas tecnológicas que hacen posible ofrecer al paciente lo que denominamos tratamientos personalizados, es decir, lo mejor que disponemos para, además de curar, evitar mutilaciones, cronificar la enfermedad metastásica u ofrecer un tratamiento esencial para la paliación del enfermo oncológico. Además, ahora somos capaces de reducir los tiempos de tratamiento, mejorar su impacto emocional, ser más precisos para no dañar tejidos sanos próximos al tumor y dar mayor cantidad de radiación con técnicas menos invasivas, más precisas y seguras, reduciendo con ello la toxicidad del tratamiento.

Sin embargo, cuando esa imprescindible renovación de los equipos se ve interrumpida, el progreso se detiene. La crisis económica desembocó en situaciones que frenaron inversiones en el campo sanitario, algo que en lo referente a la innovación tecnológica en oncología, especialmente si hablamos de equipamiento en radioterapia, ha provocado un apagón tecnológico que es necesario superar.

Este es un escenario no deseable, que afecta gravemente a quienes deben ser el centro de nuestras actuaciones: los pacientes. ¿Cómo explicar que en España tres de cada diez pacientes que requieren tratamiento con radioterapia no lo reciben?

Entre las razones que nos han llevado a esta situación de extrema gravedad se encuentran, en primer lugar, la falta de equipamiento. En España necesitamos cerca de 80 nuevos aceleradores lineales de electrones (ALE) para pasar de un ratio de 5,4 equipos por millón de habitantes (incluyendo todos los disponibles, tanto los del Sistema Nacional de Salud como de los centros privados) a los 7 equipos/millón que recomienda, entre otras organizaciones, la Sociedad Española de Oncología y Radioterapia (SEOR), ratio que cumplen y superan los países mas desarrollados de Europa.

En segundo lugar, se da una falta de equidad. ¿Podemos permitir que haya pacientes que recorran centenares de kilómetros para someterse a sesiones de radioterapia por no haber equipos cercanos? Recibir un tratamiento de radioterapia correcto no debe estar asociado al código postal y la falta de equidad no puede ser la tarjeta de visita de nuestro sistema de salud.

Además, hay una obsolescencia tecnológica. Más del 30% de los equipos está obsoleto tecnológicamente sin posibilidad para realizar las técnicas de tratamiento adecuadas a la evidencia científica actual. Se necesita con urgencia un plan Renove. Estos equipos con más de 10 años de vida y muchas más horas de trabajo de las deseables sufren además frecuentes averías, que suponen interrupciones indeseables en los tratamientos, que pueden influir de forma negativa en su resultado. Al igual que ningún ordenador, teléfono móvil o videoconsola dura más de 10 años sin caer en la obsolescencia, los equipos de radioterapia requieren una renovación acorde con los tiempos. Hay equipos en España con 20 años de antigüedad tratando pacientes de cáncer. La tecnología ha evolucionado y, hoy en día, realizar los tratamientos más sofisticados de radioterapia con equipos de hace 10 años es misión imposible, por mucha ilusión que pongamos los profesionales.

También faltan profesionales. La falta de contratación ha resultado en una merma de estos especialistas en hospitales generales de tercer nivel, y también en centros de menor tamaño donde, sin embargo, sí se realizan tratamientos de cirugía o quimioterapia. Situación que conlleva la falta de una atención médica multidisciplinar, que no garantiza las mejores decisiones de tratamiento para cada paciente. En España hay solo 13 oncólogos expertos en radioterapia por millón de habitantes, cuando las cifras objetivas están en los 20 oncólogos por millón. Solo seis comunidades autónomas se acercan a esta cifra.

Si bien las necesidades son evidentes y sus causas están identificadas, somos conscientes de la necesidad de garantizar la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario. También sabemos que, aunque el esfuerzo económico a realizar es importante, se trata de una gota de agua dentro del océano del presupuesto sanitario. La radioterapia constituye menos del 5% del coste total del gasto del tratamiento contra el cáncer en España, contribuyendo, sin embargo, a un 40% de las curaciones. Es difícil encontrar un tratamiento más coste-efectivo.

En el futuro próximo habrá una mayor incidencia de tumores debido al envejecimiento de la población, hábitos de vida, etc., por lo que se realizarán más diagnósticos a edades avanzadas, que tendrán más limitaciones a la hora de tolerar otras opciones terapéuticas como cirugía o quimioterapia. Para 2025, las autoridades europeas esperan un incremento del 25% de los casos de cáncer que necesitarán de radioterapia en España comparado con 2015. Más necesidades, los mismos equipos.

Si queremos un país desarrollado en salud, necesitamos adecuar las tecnologías sanitarias al avance de los tiempos. La innovación no es nunca un hándicap sino una oportunidad. Si es necesario desinvertir en todo lo que no proporcione valor para invertir en la implementación de nuevas tecnologías que demuestren fehacientemente su aportación en resultados de salud, hagámoslo, porque no hay mejor inversión que la inversión en salud.

El anuncio de una donación de la Fundación Amancio Ortega a todas las comunidades para comprar equipos de tratamiento del cáncer con radioterapia parece confirmar lo acertado de invertir en radioterapia. Esta donación ha supuesto una tabla de salvación para salir de la grave situación actual. Este complejo proceso de materialización y puesta en marcha de los equipos se desarrollará en los próximos dos a tres años, lo que conllevará que la situación de la radioterapia en España estará cerca de niveles aceptables en 2020. Este hecho debe hacer ver a nuestros administradores que no podemos dejar que esta grave crisis vuelva a producirse. Necesitamos que el Sistema Nacional de Salud establezca una estrategia y garantice unos mínimos (7 aceleradores y 20 oncólogos por millón de habitantes, con recambio de los equipos cada 10 años) para todos los ciudadanos españoles, para la atención del tratamiento del cáncer con radioterapia.

El trabajo que nuestra sociedad ha realizado para obtener un selfi de la radioterapia española va mas allá de los números, ya que junto con el análisis de la calidad genérica de nuestros tratamientos, se ofrece a nuestras autoridades sanitarias en todos los ámbitos de decisión para colaborar en el desarrollo de esa estrategia a largo plazo, que nos permita que, tras ser salvados por la campana, no volvamos a tropezar con la misma piedra.

Pedro C. Lara es presidente de la Sociedad Española de Oncología y Radioterapia (SEOR).

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