La UE, del revés
La canciller alemana, Angela Merkel, y Emmanuel Macron, hoy en Berlín.
La canciller alemana, Angela Merkel, y Emmanuel Macron, hoy en Berlín. AFP

Merkel avala con matices la agenda más europeísta de Macron

La primera cita en Berlín concluye con aires de reencuentro histórico

París acepta la reforma de los Tratados y subraya que no desea eurobonos

No es carta blanca, pero tampoco el nein contumaz que Angela Merkel ha dado a la mayoría de las propuestas de París desde el comienzo de la crisis del euro en 2010. La canciller alemana recibió ayer en Berlín a Emmanuel Macron con una actitud mucho más abierta y comprensiva que a los tres presidentes franceses anteriores (Chirac, Sarkozy y Hollande), a quienes Merkel ha visto salir del Elíseo por la puerta pequeña mientras ella se afianzaba en el cargo.

La primera visita de Macron a Berlín incluso adquirió aíres de reencuentro histórico. El presidente francés expresó su deseo de entablar con Merkel una relación tan fuerte y fructífera como la de Adenauer y De Gaulle (de la que surgió la UE) o la de Mitterrand y Kohl (que pactaron el nacimiento del euro).

A las puertas de la cancillería, en una escena con pocos precedentes, manifestaciones espontáneas aclamaron al presidente francés más joven de la V República, en una señal clara de que, a pesar de las dudas y los temores reinantes, una parte de la opinión pública desea preservar el proyecto europeo y recuperar el impulso franco-alemán que evite su ruptura.

Tanto Macron como Merkel declararon sentirse “emocionados” por esas muestras de amistad transfronteriza y vocación europeísta. Y tomaron nota del mensaje.

“Soy consciente de que vivimos un momento crítico en la UE”, señaló Merkel tras la reunión. “Durante la crisis”, añadió la canciller, “la idea de Europa se ha degradado pero la relación franco-alemana es esencial para preservar este tesoro”.

Los dos líderes hicieron en rueda de prensa un alarde de entendimiento y de vocación europeísta que podría traducirse, incluso, en una reforma de los Tratados europeos para “refundar la Unión Europea”.

La reforma del Tratado era un tema tabú para Francia, pero conmigo ya no lo es”, señaló Macron. Y aseguró que “cada uno tiene que hacer lo que le corresponde. En mi caso, las reformas que necesita Francia y que hacen falta para recuperar la confianza de Alemania. Y en el de la canciller, convencer a su opinión pública de su país”.

La cita supuso el espaldarazo de Merkel a Macron, que visitó a la canciller solo 24 horas después de asumir la presidencia de la República francesa y nada más nombrar al conservador Edouard Philippe como primer ministro de un gobierno llamado a aplicar reformas muy al gusto de Berlín.

Por primera vez desde su llegada al poder en 2005, Merkel tiene enfrente a un presidente francés que se declara abiertamente dispuesto a colaborar con Berlín en la reforma de la zona euro, a respetar a rajatabla el Pacto de Estabilidad y a renunciar a proyectos tan incómodos para Alemania como los eurobonos.

Macron, durante su etapa como ministro de Economía, también tejió una buena relación con el titular alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, quien asegura que sus propuestas para la zona euro “tienen muchos puntos en común” con las del presidente francés.

El riesgo, advierten en Bruselas, no estriba ahora en un posible choque entre Berlín y París sino en la posibilidad de que las propuestas europeas de Macron no prosperen en Francia. “En estos momentos, cualquier cesión de soberanía choca con la opinión pública de varios países, entre ellos, la francesa”, señala una fuente comunitaria. Pero Macron dejó claro en Berlín que está dispuesto a jugar la carta europea ante el electorado francés y dar por superada la traumática experiencia del referéndum de 2005 que abortó la Constitución europea.

El presidente francés desea un presupuesto común de la zona euro y una figura de ministro europeo de Economía, así como un parlamento de la zona euro. En teoría, las tres propuestas chirrían en Berlín. Pero Schäuble ya ha ofrecido un terreno intermedio que permite negociar.

Alemania propone un Fondo Monetario Europeo, construido a partir del actual fondo de rescate (Mecanismo Europeo de Estabilidad). Y ese organismo asumiría el control de la disciplina presupuestaria, quesería el equivalente a la figura de un ministro de Economía.

Berlín también acepta que el nuevo Fondo se someta al control democrático de una nueva configuración del Parlamento Europeo, que permitiría una asamblea paralela formada solo por eurodiputados de los 19 países que comparten moneda.

La agenda de política comercial de Macron también coincide en parte con la de Berlín. El nuevo presidente quiere un sistema de control de las inversiones similar al vigente en EE UU, que permite frenar la entrada de capital extracomunitario en sectores considerados neurálgicos. Alemania secunda esa propuesta.

Las posturas están más alejadas en la agenda social, en la que Macron propone que se fijen estándares mínimos (de cobertura sanitaria, seguro de desempleo o salario mínimo) para evitar un dumping laboral entre los propios países de la UE. Berlín supedita esa armonización a una convergencia económica que puede tardar años o décadas en lograrse, sobre todo, tras la ampliación de las divergencias provocada por la crisis del euro.

Los detalles de las propuestas deberán esperar al resultado de las elecciones generales en Alemania el 24 de septiembre, unos comicios que apuntan a un cuarto mandato de Merkel. Su partido (la CDU) incluso barrió el domingo a los socialistas de Martin Schulz en las elecciones de Renania del Norte-Westfalia, una región considerada como un granero de votos del SPD.

Pero a la espera de su reelección, Merkel ya concede al presidente francés un período de confianza, que Macron intentará aprovechar para consolidar su poder en las elecciones legislativas de junio.

Durante la campaña, el líder de La República en marcha podrá ofrecer a sus potenciales votantes la promesa de un entendimiento con Alemania que, en teoría, debería permitir a Europa pasar de manera definitiva la interminable página de la crisis económica.

Macron se juega en junio gran parte del éxito de su quinquenio, porque necesita construir en poco más de un mes una nueva mayoría parlamentaria que le permita librarse de una cohabitación con los partidos tradicionales de derecha (Les Republicains) o izquierda (PS).

Los conservadores alemanes ya dieron todo su apoyo a Macron durante las presidenciales una vez que su candidato natural, François Fillon, se hundió en los sondeos por el escándalo de los empleos ficticios de su esposa a cargo del Estado. Y ahora, Alemania necesita un gobierno fuerte con el que Macron pueda cumplir su parte.

Alemania y Francia parecen dispuestas, o condenadas, a entenderse, para sacar a la zona euro de la tierra de nadie en la que se ha quedado tras la crisis financiera. Los 19 países que comparten moneda han reforzado los mecanismos de emergencia y protección, pero todos ellos son limitados (como el fondo de rescate) o incompletos (como la unión bancaria). "Se trata de una situación extremadamente peligrosa", advertía el año pasado un informe del Instituto Jacques Delors. "Si otra crisis golpea de nuevo a la zona euro, el margen de maniobra seguirá siendo muy escaso", añadía el estudio.

Normas
Entra en EL PAÍS