elecciones francia 2017
Emmanuel Macron, candidato de En Marche! para las presidenciales francesas. REUTERS

Macron, un presidente nórdico para Francia

El ganador de la primera vuelta de las elecciones en Francia quiere que el sector público sea aliado, y no una carga, para el contribuyente

La victoria de Macron ha hecho que Europa respire tranquila, a expensas de lo que ocurra el 7 de mayo, cuando los dos candidatos se enfrenten por el Elíseo. Las primeras reacciones no se han hecho esperar: el euro se ha apreciado cotizando a 1,09 frente al dólar, las primas de riesgo se han relajado y las Bolsas han subido. Los mercados han dado un voto de confianza a Francia, también su prima de riesgo, que ha caído hasta niveles de diciembre de 2016.

Si bien se espera todavía volatilidad en los mercados en los próximos meses por el calendario de elecciones en Europa – el 8 de junio, las elecciones en Reino Unido; el 11 y 18 de junio, las parlamentarias galas, y en septiembre, las elecciones en Alemania–, la primera victoria de Macron deja un gran beneficiado, el sector financiero.

Ni Abertis ni Inditex ni ArcelorMittal, empresas que se juegan parte de su facturación en Francia, ganan tanto como los bancos. La razón de que estos últimos sean los más beneficiados a pesar de no tener negocio relevante en el país es la deuda soberana, ya que tienen mucho dinero en bonos soberanos en su balance, que han comprado en los últimos años ante la falta de demanda de crédito y para hacer carry trade (obtención de liquidez barata del BCE para reinvertir en bonos estatales rentables).

Llegados a este punto, de cara al 7 de mayo, los dos grandes partidos han hecho suyo el lema de los mosqueteros, uno para todos y todos para uno, brindándole su apoyo a Macron, con tal de evitar que Le Pen llegue a gobernar.

Tres son las claves del programa económico de Macron: bajadas de impuestos, menos intervencionismo y un plan de gasto de 50.000 millones. Con guiños a izquierda y derecha, no le importa de dónde vengan sus seguidores, sino hacia dónde van. Su figura de independiente, ni conservador ni socialista, también suma en un momento de máximo descrédito de las instituciones y los partidos clásicos. Macron plantea un modelo nórdico, socialdemócrata, muy semejante a lo que podría ser Dinamarca.

Francia es el país de la UE con una presión fiscal más elevada de Europa si se mide en ingresos tributarios sobre el PIB, cercana al 50%. Y el gasto público se sitúa casi en el 60%. Macron no plantea un cambio radical en este tema, pero sí un ligero alivio para el contribuyente. Propone una sustancial rebaja de las cotizaciones sociales a cargo de los asalariados y los autónomos. A los empresarios les promete una reducción en las cotizaciones empresariales para los nuevos contratos y eliminar las cotizaciones para las horas extras. También reducir el impuesto sobre la vivienda; por último, propone bajar el impuesto de sociedades del 33% al 25%.

Macron quiere que el sector público se convierta en un aliado para el contribuyente y no en una carga. Ha prometido emprender tres grandes reformas, de las que nadie quiere hablar porque molestan a actores muy relevantes de la vida pública.

Respecto al empleo, propone un marco de relaciones laborales mucho más flexible, si bien habrá que ver qué opinan los poderosos sindicatos franceses al respecto. El subsidio de desempleo también sufriría cambios, abriéndose a autónomos y a trabajadores que quieran cambiar de empleo.

La tercera gran reforma de Macron afecta al sistema de pensiones. El actual modelo no es justo, y si bien no quiere tocar la edad legal de jubilación ni el nivel de las prestaciones actuales, plantea un nuevo método de cálculo para que cada euro cotizado genere el mismo derecho a la pensión para todos.

Respecto al plan de 50.000 millones de inversión, Macron se vuelve un socialista keynesiano puro y duro. Su plan de inversiones totalizará 50.000 millones dirigidos a la industria, el sector energético, la ecología, el transporte y el campo francés. Todo esto es compatible, asegura, con un plan de ahorro que lograría reducir 60.000 millones de gasto público (equivalentes a tres puntos del PIB) en cinco años.

Por último y a destacar, defiende el proyecto europeo. ¿Veremos la vuelta de un eje franco-alemán renovado y poderoso, que tire de nuevo del tren?

Aurelio García del Barrio es director del Global MBA con especialización en Finanzas del IEB.

Normas
Entra en EL PAÍS