Rupert Murdoch.
Rupert Murdoch.

Murdoch, el jugador que quiere ser árbitro

El empresario quiere unir Sky con Fox para competir con gigantes globales como Google

El sector audiovisual es cada día más diverso, complejo y abierto, con organizaciones muy diferentes ante un nuevo y enorme reto de identificar con agilidad nuevas oportunidades. En la cúspide de esta nueva etapa han surgido revolucionarias plataformas, suficientemente autónomas como para sobrevivir por sí mismas, en competencia con los grandes conglomerados de comunicación y entretenimiento. Estas crean un ecosistema que va a exigir a las compañías tradicionales más esfuerzos e imaginación para adaptarse. O para absorber parte de ese nuevo entorno a través de fórmulas de concentración. España y Europa lo verán de nuevo en breve, si Murdoch logra sumar a su imperio de la Fox el 100% de Sky.

La novedad para España y gran parte de Europa es que este nuevo impulso a la concentración audiovisual vendría de fuera, y en concreto de Reino Unido, en proceso de brexit. Antes ya de que entraran estas nuevas plataformas y explotara en internet la fiebre del oro por el análisis de los datos de los clientes, la lucha entre operadoras de televisión y telefonía por conseguir el mayor número de usuarios y televidentes posible ya era frenética en España. Fue el periodo de fusiones y adquisiciones como las de Antena 3 con La Sexta, Tele 5 con Cuatro, Telefónica con Canal+, Orange con Jazztel y su posterior acuerdo con Netflix y Vodafone con Ono y su reciente acuerdo con HBO.

El gran potencial de internet en todo el globo encuentra en el sector televisivo una gran palanca. Ya en 2015, del que hay datos completos, el segmento televisivo en abierto en nuestro país registró un avance destacado, al crecer un 5,2% y situarse en los 1.801,9 millones de euros de facturación. Pero su alternativa, la televisión de pago, fue el área de negocio que experimentó un mayor crecimiento, alcanzado una facturación en ese año todavía mayor, concretamente de 2.064,6 millones de euros, en una tendencia que se ha mantenido alcista.

Esta tendencia alcista motivó de hecho que se filtrara en el año 2016 que el gigante británico de televisión de pago Sky tenía intención de entrar en el mercado español, a través de una plataforma online denominada Now TV. Poco después, el magnate australiano Rupert Murdoch, a través de su empresa norteamericana 21st Century Fox, se lanzó a por todo Sky el pasado mes de diciembre, por segunda vez, con una oferta de 11.700 millones de libras (unos 13.500 millones de euros) que intenta ampliar el 31% de su accionariado y adquirir así todo el control de Sky plc. Este acuerdo marcaría el camino hacia el futuro de los medios de comunicación, en concreto a la distribución de contenidos y al futuro de la publicidad, especialmente en un entorno como el digital, donde contenidos y distribución parecen encajar de una forma natural.

En la larga y compleja historia de las compañías de medios de comunicación en Europa, la relación entre Fox y Sky siempre ha sido de gran interés, tanto para los reguladores como para los consumidores europeos. Estas compañías ya habían intentado fusionarse previamente, en 2010-2011, pero la fusión se vio frustrada tras un escándalo de escuchas ilegales que empujó el cierre del diario británico News of the World. Desde entonces, Sky ha incrementado su presencia en el continente, adquiriendo Sky Deutschland y Sky Italia. Es ya así la mayor cadena europea de televisión por satélite, con casi 22 millones de suscriptores.

Ahora, Murdoch quiere volver a la carga tomando el control total de Sky. La integración vertical de los medios de comunicación representa un crecimiento exponencial que le permitiría competir con los nuevos gigantes del contenido digital como Google, Facebook, Apple y Amazon. Hoy su conglomerado norteamericano es el cuarto global, aunque en Europa además de estas pretensiones televisivas controla por ejemplo más del tercio de la prensa británica, lo que implica connotaciones no solo económicas, sino políticas. Su diario The Sun lideró la campaña a favor de la salida de la Unión Europea. Y preguntado Murdoch por la causa de ese empeño probrexit, dijo: “En Westminster hacen lo que yo quiero, mientras que en Bruselas me ignoran”.

Sin embargo, el magnate de los medios no parece limitarse a sus propias apuestas de concentración empresarial. Recientemente se han filtrado en medios americanos rumores de que Rupert Murdoch podría estar presionando a Donald Trump para condicionar operaciones como la fusión de AT&T con Time Warner, evidenciando un doble rasero o una diferente valoración cuando se trata de operaciones propias o ajenas.

Defender su fusión en Europa mientras se opone a operaciones calcadas en Estados Unidos, parece poner en evidencia una inquietante tentación de condicionar las reglas del juego, mucho más allá de la libre competencia. La concentración de operadores tecnológicos y de contenidos puede tener sentido si se orientan a generar nuevas capacidades para competir en el nuevo mercado, integrando distribución y contenidos en beneficio de los consumidores.

Es evidente que un factor clave son los contenidos. No hay más que ver lo que hacen Google y Hulu (propiedad en parte de Fox y Time Warner), que quieren introducir nuevos servicios de vídeo streaming, aprovechando la relación actual que existe entre la distribución y los contenidos, cada vez más relevante no solo para las compañías, sino también para el usuario final.

En este contexto, operaciones como las de Murdoch con Sky en Europa, o como las planteadas en Estados Unidos, son perfectamente comprensibles. Pero lo que no tiene sentido es que uno de los protagonistas pretenda condicionar el terreno de juego en su exclusivo beneficio. Competir es, en general, positivo para todos. Mejora a las compañías y beneficia a los consumidores. Pero siempre que la base, las reglas y la legislación sean igual para todos.

Tras la aprobación a principios de abril por parte de la Comisión Europea de la fusión, en este mismo momento, al margen de las conclusiones de la Comisión, se está analizando en el Reino Unido si la fusión propuesta es contraria al principio de interés público, en un entorno donde los grupos de presión han alertado de que la fusión amenaza la “pluralidad” en los medios británicos. Operación que además viene marcada por los escándalos sexuales en la Fox, y un presidente estadounidense, que tacha de falsos a los medios que no le gustan, mientras alaba e impulsa a los que le gustan, como Fox News, propiedad de Rupert Murdoch.

Dos operaciones paralelas, en territorios distintos pero con objetivos similares. Un buen momento para comprobar si, en este terreno de juego global, árbitros y jugadores responden de manera proporcional y equilibrada a las reglas de juego limpio.

José Fernández Beaumont es Profesor de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III

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