José María Roldán, presidente de la Asociación Española de Banca
José María Roldán, presidente de la Asociación Española de Banca

Los retos de la banca van más allá del mercado hipotecario

El celo por proteger al consumidor exige una respuesta a la altura

Los efectos de la crisis económica y de los escándalos financieros que se han producido en los últimos años han dejado a la banca una pesada carga que digerir. Un lastre que no solo incluye los activos tóxicos en los balances, sino también la oscura sombra reputacional que han proyectado sobre el sector episodios como los de las preferentes o las cláusulas suelo. Todo ello fue analizado ayer durante un encuentro sobre el mercado financiero en el que tanto la patronal como las propias entidades analizaron los retos que deberá afrontar el sector en un futuro inmediato. Desde la Asociación Española de Banca, se planteó como objetivo prioritario la conveniencia de que la UE promulgue un reglamento que unifique de forma inmediata la legislaciones hipotecarias europeas como solución más efectiva que la reforma que ultima en este momento el Gobierno y que supone adaptar la ley española a la comunitaria. La patronal de la banca defiende que esa homogeneización reglamentaria facilitaría las fusiones transfronterizas, permitiría avanzar en la construcción de la unión bancaria y colocaría a todas las entidades bajo una misma regulación en materia crediticia. Y lo que es más importante, lo haría sin tener que esperar a los interminables retrasos que suele implicar la transposición de directivas en cada Estado miembro.

El reto que la banca española tiene ante sí abarca, sin embargo, bastante más que el mercado hipotecario y se extiende a los requerimientos que plantea una sector en constante transformación y en el que las exigencias regulatorias son cada vez más estrictas, los márgenes de negocio más estrechos, la digitalización una demanda creciente y el riesgo reputacional una amenaza equiparable ya prácticamente a la financiera. No en vano el celo de los supervisores y de la propia legislación europea por proteger al consumidor exige una respuesta a la altura por parte de la banca. Ello supone adelantarse a la regulación, apostar por productos más sencillos y formar a la plantilla para garantizar que la protección al cliente pase a formar parte de la cultura corporativa y de la política de riesgos del sector.

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