Fátima Báñez, ministra de Empleo y Seguridad Social.
Fátima Báñez, ministra de Empleo y Seguridad Social.

El crecimiento no llega a todos

La OCDE recomienda a España reducir el desempleo, pero también mejorar la calidad de los trabajos

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha presentado recientemente su informe anual sobre España. Su principal mensaje es que aunque la economía española lo está haciendo bien, en términos de crecimiento del PIB tiene una asignatura pendiente, conseguir que sea más inclusivo, que vaya acompañado de un reparto más equitativo entre la población. El bienestar de la sociedad solo aumenta cuando se combinan simultáneamente crecimiento del pastel (el PIB) con un reparto más equilibrado del mismo.

La OCDE reconoce que España está creciendo a buen ritmo, y de forma sostenida desde 2013, recuperándose después de pasar una crisis profunda. Tanto es así que la institución mejora sus previsiones, elevando en dos décimas el crecimiento del PIB previsto con anterioridad hasta el 2,5% en 2017. Esto son buenas noticias, pero conviene recordar que acabamos de recuperar el PIB de 2008. Es decir, hemos perdido una década de crecimiento y en el proceso hemos perdido un millón y medio de empleos.

El informe identifica el bajísimo crecimiento de la productividad como principal responsable del lento avance del bienestar. En particular, el hecho de que los recursos hayan sido mal asignados, orientándose hacía empresas poco eficientes, con escasa inversión en innovación. Sin embargo, pone una nota de optimismo al reconocer que recientemente las cosas han ido mejorando.

Sin embrago, su foco se centra en la necesidad de que el crecimiento sea más inclusivo. Para ello tiene dos recomendaciones: reducir el desempleo y mejorar la calidad del trabajo. La tasa de paro se mantiene a niveles todavía muy elevados. Incluso revisando al alza el crecimiento del PIB, su mejor escenario para 2017 es que la tasa de paro baje al 17,5%. Todavía es más grave si tenemos en cuenta que la tasa de paro de los jóvenes y de los parados de larga duración está muy por encima de esta cifra. Estos últimos tienen alto riesgo de perder las cualificaciones que obtuvieron en el puesto de trabajo. Al ritmo que avanza el progreso técnico, el riesgo de que su capital humano se vuelva obsoleto es muy elevado. Y si este es el caso, las posibilidades de encontrar un trabajo decente son muy reducidas y, como es lógico, la probabilidad de abandonar el mercado de trabajo aumenta.

Desde la perspectiva de la mejora de la calidad del trabajo, su recomendación también es clara. Deben aumentar tanto los salarios como la seguridad en el puesto de trabajo. También recomienda la mejora del clima laboral. Su diagnóstico de la situación actual no admite paliativos. Los trabajadores españoles se enfrentan a la probabilidad más elevada de todos los países de la OCDE de perder el empleo. Una vez en el paro, sufren los periodos de tiempo más largos sin encontrar trabajo. Una cuarta parte de todos los desempleados tienen contratos temporales, el porcentaje más elevado de todos los países de la OCDE después de Polonia. Además, España presenta la tasa más baja de transición de un empleo temporal a otro permanente, lo que quiere decir que cuesta más que en otros países de la OCDE alcanzar un empleo estable. Los salarios medios son comparativamente bajos, lo que refleja la combinación de bajos niveles de cualificación por parte de los trabajadores y baja productividad por parte de las empresas.

Los trabajadores en paro y los empleados con contratos temporales se sitúan en el escalón más bajo de la distribución de la renta. La situación de pobreza es especialmente elevada entre los hogares con todos los miembros en paro, especialmente con los que tienen hijos. La tasa de pobreza infantil estaba en el año 2013 en el 23,4%, 10 puntos más que la media de la OCDE que estaba en el 13,3%, aunque es de esperar que la situación haya mejorado en los últimos años con la recuperación del empleo.

En estas condiciones, su recomendación es que hay que conseguir que aumente el empleo, pero en puestos de trabajo de calidad, al tiempo que se intensifica el apoyo a los más desfavorecidos. Recuerda que hay un porcentaje elevado de parados que han agotado el derecho a prestación y se encuentran en riesgo de exclusión social. Solo el 1,5% de los hogares pueden acogerse a los programas de renta mínima de reinserción para los que no tienen derecho a las prestaciones por desempleo. Además, para su obtención hay que seguir un proceso largo y farragoso que debería agilizarse.

Respecto a las políticas activas de empleo, reconoce que ha aumentado el gasto en las políticas de formación y de reinserción laboral, aunque insiste en que todavía es bajo y que los servicios públicos de empleo se enfrentan a serios problemas. El número de desempleados es tan elevado que haría falta una mejor asignación de recursos y una mejor definición de objetivos y procedimientos. Ayudaría también la mejora en la digitalización de los servicios que todavía está atrasada.

Enfatiza que los beneficios sociales para los parados estén condicionados a la búsqueda activa de empleo. Esta recomendación se fundamenta en la idea motora de todo el informe. A saber, que encontrar un trabajo digno y de calidad es la mejor forma de salir de la pobreza de forma permanente. Para ello, recomienda una mejor coordinación entre el sistema de prestaciones sociales y el de búsqueda de empleo de forma que haya una relación más estrecha entre protección y vuelta al trabajo. En concreto, recomienda que la percepción de las prestaciones por desempleo esté condicionada a la búsqueda activa. Reconoce que eso en España ya existe, pero tiene serias dudas de que funcione correctamente. Especialmente porque no está claro qué se entiende por un puesto de trabajo adecuado que deba ser aceptado por el trabajador. Tampoco está claro que funcione el sistema de sanciones si se rechaza.

En suma, el reciente informe de la OCDE nos recuerda, de nuevo, la necesidad de un gran pacto por el empleo y la productividad orientado al fomento de un crecimiento que llegue a todos los ciudadanos.

Matilde Mas es catedrática de Análisis Económico de la Universidad de Valencia y directora de proyectos internacionales en el IVIE.

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