Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad, durante la entrevista a Cinco Días.
Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad, durante la entrevista a Cinco Días.

Todo modelo necesita una reforma continua

Los efectos de los cambios terminan reduciéndose, cuando no agotándose, y necesitan ser renovados

El conductor de la política económica admite en una larga entrevista con Cinco Días que el desempeño de la economía este año podría ser similar al mostrado en 2016, con un crecimiento final del 3,2%, pese a que durante todo el año sobrevoló una sensación de pesimismo por la ausencia de Gobierno con plenas funciones que otorgaba avances al PIB muy inferiores al 3%. Cierto es que desde que arrancó la recuperación, a finales de 2013, las estimaciones de la actividad han estado siempre superadas por la realidad, como lo han estado también las del empleo. La estimación para 2017 sigue anclada en la modestia del 2,5%, aunque varios analistas la han corregido al alza, y en tales valores se mantendrá durante todos los años de la legislatura, entre otras cuestiones porque el efecto expansivo de las profundas reformas económicas aplicadas a la economía española es mucho más prolongado de lo normal. El sistema financiero ya contribuye a la recuperación económica con avance muy sólido en el crédito nuevo, pese al persistente desapalancamiento de hogares y empresas;el déficit fiscal empieza a estar en valores muy bajos e incluso el volumen de la deuda es gobernable si no hay movimientos bruscos en los tipos de interés; y la reforma del mercado de trabajo no parece tener vuelta atrás, dado que mantener un tirón del empleo similar al del PIB de manera continuada recomienda no hacer mutaciones normativas en la materia. Además, contribuye a la sostenibilidad del crecimiento el espacio ganado por las empresas en los mercados exteriores, que con sus ganancias generosas de competitividad posibilitan repetidos superávits corrientes para reducir la dependencia exterior y con ella, la vulnerabilidad de la economía.

Pero este modelo no será eterno, porque los efectos de las reformas terminarán reduciéndose, cuando no agotándose, y necesitan de una renovación continua. La agenda reformista del Gobierno parece haberse agotado por el simple hecho de que la aritmética parlamentaria no entregará su visado a las intensas transformaciones que precisa aún la economía. Esfuerzo de digitalización, energía, educación, colegios profesionales, internacionalización y tamaño de las corporaciones, etc. Todo refuerza el atractivo de España y su crecimiento potencial.

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