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Heinz

Heinz, el kétchup que dio fama a un imperio

Henry J. Heinz reinventó en 1876 la salsa de tomate más famosa del mundo

Aunque hoy no sea popular decirlo, sobre todo para su actual presidente, EE UU es una nación hecha, desde su nacimiento, por inmigrantes. Y algunas de las grandes invenciones que han salido de ese país, y que han acabado convirtiéndose en costumbres en el resto del mundo, fueron idea de inmigrantes o de sus descendientes. Ya fuesen italianos, alemanes, mexicanos, británicos o de cualquier rincón del mundo, el país de la bandera de las barras y estrellas no puede renegar de una cultura y una historia marcada por la inmigración. Una de esas familias de inmigrantes vino de Kallstadt, una pequeña localidad de Baviera, en Alemania.

Cronología

1869. Henry John Heinz, nacido en 1844, y su amigo L. Clarence Noble, crean en 1869 la empresa Heinz Noble & Company, dedicada a la producción de rábano picante en polvo. Después introducirían otras variedades, siempre conservadas en vinagre y envasadas en botellas de cristal transparente. Cerraría en 1875.

1876. Heinz se alía con su hermano John y su primo Frederick para crear la empresa F & J Heinz. La experiencia en la conservación en vinagre y los conocimientos de Heinz sobre los vegetales le llevaron a idear una receta de kétchup libre de conservantes. Para eso, eligió tomates rojos maduros, elevó la proporción de vinagre en la receta y apostó de nuevo por la botella de cristal transparente. El éxito fue inmediato.

1886. El kétchup y otras siete variedades de productos Heinz llegan a Reino Unido.

1896. En un viaje en tren por Nueva York, Heinz vio un cartel de una marca de zapatos que promocionaba sus 21 variedades de calzados. Le pareció una idea brillante para hacer su propio eslogan y eligió el número 57 para su histórico lema: 57 varieties (57 variedades, en castellano). Un número que no hace referencia a algo en concreto, sino que fue una ocurrencia de Heinz.

1905. Heinz ya había vendido cinco millones de botellas de su kétchup.

1919. Fallece Henry John Heinz.

1930. Su hijo Jack, al frente de la compañía, introduce un nuevo producto en plena depresión económica en EE UU, las sopas de preparación instantánea, además de la comida para niños. Ambos también fueron un éxito.

1968. Aparecen los sobres individuales de kétchup.

1983. Llega la botella de plástico para el producto estrella y, en 2002, la botella con la boca hacia abajo.

2013. Berkshire compra Heinz por 23.000 millones de dólares.

Johann Heinrich Heinz y Anna Margaretha Schmidt llegaron a Pittsburgh, en el estado de Pensilvania, en la década de 1840. En 1844 nació su primer hijo, Henry John Heinz. Desde su juventud, se despertó en él un profundo interés por el mundo de los vegetales. En el jardín de su casa cultivaba sus propias cosechas, cuyos productos vendía a sus vecinos. Uno de sus primeros empleos fue el empaquetado y el reparto en carruaje de alimentos. Poco tiempo después, en 1869, con apenas 23 años, fundó su propio negocio de la mano de un amigo, L. Clarence Noble, que llamaron Heinz Noble & Company. Entonces se dedicaban a vender conservas de rábano picante en polvo, un vegetal utilizado frecuentemente en Alemania. Más tarde se unió un tercer socio, E. J. Noble, y la compañía introdujo nuevos productos, sobre todo conservas en vinagre. Como recipientes, Heinz optó desde el principio por utilizar botellas de cristal transparentes, para que los clientes pudiesen ver con total claridad la calidad de los productos que vendía. Pese a los esfuerzos, esta primera aventura empresarial de Heinz no prosperó y la empresa se declaró en quiebra en 1875.

Apenas un año después ya había fundado, con la ayuda de su hermano John y su primo Frederick, la compañía F & J Heinz. Conocedor de todo lo que se movía alrededor del mundo de los vegetales, Henry John Heinz ya sabía de la existencia de versiones comerciales del kétchup, esa salsa de tomate condimentada y con un toque dulce que, entonces, empezaba a llegar a las casas estadounidenses. Pero Henry John consideraba que aquellas marcas introducían demasiados conservantes al producto y se propuso crear una receta libre de cualquier elemento químico, convencido de que los consumidores querían una salsa que tuviese un sabor a tomate de verdad.

Para su producto elaboró una receta con tomates rojos maduros, con mayor presencia de conservantes naturales, e incrementó la cantidad de vinagre para asegurar todavía más su conservación. A ello ayudaba el envase de cristal transparente, con el que los clientes podían ver la pureza del color rojo de su kétchup. Una salsa densa que provocó un modo de uso que es su bandera: a golpes con la mano hasta que salga la cantidad deseada.

Aquella idea fue el inicio de un imperio empresarial en el sector de la alimentación. La empresa empezó a crecer. El kétchup llegó a Reino Unido en 1886 y en 1888, Heinz compró sus participaciones a su primo y a su hermano. La compañía pasó a llamarse H. J. Heinz y, aunque también comenzó a elaborar decenas de productos alimenticios nuevos, sobre todo salsas, la salsa de tomate era su estrella. Fue en 1896 cuando introdujo su eslogan, que mantiene en la etiqueta superior de sus recipientes: 57 varieties (57 variedades, en castellano). Una frase que, en realidad, no tenía significado: los productos de Heinz eran más de 57. El fundador eligió ese número porque le sonaba redondo.

Heinz, que falleció en 1919, siempre tuvo el afán de incorporar las últimas técnicas sanitarias que asegurasen la calidad de sus productos. Su hijo Henry tomó el testigo y en los años de la gran depresión introdujo las sopas y la comida infantil. Heinz nunca ha dejado de crecer, superando una gama de 5.000 productos y protagonizando la mayor operación empresarial de su sector: Berkshire, presidida por Warren Buffett, y 3G Capital la compraron en 2013 por 23.000 millones de dólares. En 2015 se fusionó con Kraft y el mes pasado la compañía resultante ofreció 134.000 millones de euros por Unilever. Mucho ha cambiado desde 1876, pero no todo: la botella de cristal del kétchup Heinz sigue en las estanterías de los supermercados.

¿Qué une al kétchup Heinz con Donald Trump?

Henry John Heinz fue el creador del kétchup Heinz.
Henry John Heinz fue el creador del kétchup Heinz.

Desde que ganase las elecciones presidenciales el pasado mes de noviembre, parece que todos los caminos o análisis acaban, inevitablemente, en una misma persona: Donald Trump.

El impacto que el presidente de EE UU está teniendo en el mundo y en todas las políticas en las que puede influir es innegable, aunque parece que, en estos meses, todo acabe girando sobre él casi de forma involuntaria. Porque, directa o indirectamente, Donald Trump tiene relación con el kétchup Heinz.

Los padres de Henry John Heinz, el creador de la salsa, llegaron de Kallstadt, Alemania, un pueblo que hoy apenas supera el millar de habitantes. Pero da la casualidad de que allí también se crió el abuelo del multimillonario empresario y presidente de la gran potencia mundial de Occidente. Siguiendo la línea genealógica de Heinz padre, las relaciones entre miembros de ambas familias eran habituales. Una de las consecuencias es que el creador del kétchup sin conservantes era primo segundo del abuelo paterno de Donald Trump.

Pese a ser un pueblo pequeño, la historia de Kallstadt ha sido plasmada en el documental Kings of Kallstadt (Reyes de Kallstadt, en su traducción al castellano), filmada en 2014 por la directora local Simone Wendel. Un recorrido por la historia de esta localidad a través de sus habitantes, y su relación con el presidente de EE UU, rodada antes de que este llegase al Despacho Oval.

Aunque Trump nunca ha presumido demasiado de su origen alemán. Más bien todo lo contrario. Durante décadas, ya cuando era una figura mediática y empresarial, explicó que sus antepasados procedían de Suecia, y no de Alemania, según parece, por miedo a que relacionar su nombre con este país pudiera jugar en su contra, sobre todo entre quienes tenían un sentimiento antialemán más arraigado. No fue hasta los noventa cuando Trump reconoció que su origen no estaba en la fría Suecia, sino en el sur de Alemania. Pero el desapego de Trump hacia su pasado es similar al sentimiento que su figura despierta en Kallstadt, donde reina la indiferencia hacia él.

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