Tribuna

La industrialización de la innovación

La innovación actual no puede desarrollarse en interminables periodos con el objetivo de descubrir el producto perfecto

La innovación tal y como la conocemos hasta ahora ya no sirve. En los últimos años hemos visto como la innovación dentro de las empresas se veía solamente como el área que trabajaba en la búsqueda de soluciones para dar respuesta a las necesidades del futuro. El problema es que el futuro ahora es presente. Vivimos en la era de la digitalización. La palanca que está transformando nuestro mundo mediante la generación de nuevos contextos, paradigmas y modelos de negocio. Un avance tan brutal que difícilmente puede ser seguido por la sociedad, la empresa, la economía o la política. Y ante esta situación, las estrategias actuales de innovación ya no sirven. La actividad del día a día, la falta de sistematización del proceso innovador o la negativa a considerar la innovación como un ámbito más de la estrategia y de la gestión, dificultan la propia innovación en este momento tan exigente.

Ante esta situación, la pregunta que todas las empresas debemos hacernos es ¿cómo debemos enfocar la innovación en nuestra compañía? En primer lugar, la innovación tiene que formar parte de la estrategia de cualquier empresa de una manera totalmente imbricada, mientras que la estrategia de innovación debe entenderse como la manera, dirigida e inteligente, de desarrollar las adaptaciones de las últimas tendencias en innovación a nuestra situación y entorno.

Debemos incorporar, por tanto, el concepto de Smart InnovAction a nuestra organización, entendido como la innovación inteligente. Debemos ser capaces de desarrollar una ecosistema, pegado al mercado, que a través de las últimas metodologías favorezca la generación de ADN innovador interno y vehiculice el desarrollo estratégico de la organización. Un ecosistema donde todos los empleados innoven en un entorno abierto.

Y todo ello a una mayor velocidad. Los ciclos de innovación deben ser mucho más rápidos que los actuales. Cualquier innovación que no genere un producto mínimo viable para testar en el mercado en 4/6 meses no tendrá sentido. La innovación actual no puede desarrollarse en interminables periodos con el objetivo de descubrir el producto perfecto que cumpla todas las expectativas del cliente. Debe desarrollarse la funcionalidad mínima y probarlo en entornos reales para que, con el feedback recibido, se pueda identificar la funcionalidad que sí debemos desarrollar y, lo más importante, la que no debemos desarrollar.

"El reto de las empresas radica en industrializar la innovación"

La innovación, además, no debe entenderse como una estrategia cerrada. Al contrario. Estamos evolucionando hacia un concepto de Open Innovation, donde desarrollamos nuestra innovación de una manera abierta, compartida y en equipo. Sumando a todo aquel que pueda aportarnos conocimiento específico o tracción en todas las áreas de actuación. Vale la pena destacar que la verdadera innovación se desarrolla cuando conocimientos multidisciplinares se combinan dando rienda suelta a la creatividad.

No debemos olvidar que la innovación siempre parte de la creatividad, es decir, las ideas desarrolladas a través de procesos de innovación se convierten en oportunidades de negocio mediante nuevos productos o servicios. Y aquí está una de las claves de la innovación. Debemos entender que las ideas en sí mismas no tienen valor sino que es la capacidad de llevarlas al éxito lo que las convierte en negocio. Tenemos que pensar con el mismo nivel de profundidad, tanto en la idea o producto, como en su desarrollo, puesta en marcha, caracterización, tarificación, comercialización o marketing.

El reto de las empresas, por tanto, radica en industrializar la innovación. Este proceso innovador debemos desarrollarlo y adaptarlo a nuestras circunstancias, entorno y características como empresa para que nos permita automatizarlo y hacerlo parte de la cultura de la compañía.

Con este modelo de innovación industrializado, social, abierto y basado en la generación de activos, logramos imbuir a la organización en una dinámica acelerada de pensamiento creativo y de desarrollo de nuevo valor continuo. Y es que hoy en día, la innovación no es una opción, ni algo accesorio que pueda desarrollarse sin foco. La innovación es el vehículo indispensable en la estrategia de cualquier empresa o institución para tener sostenibilidad y exponencialidad. Sin duda todo un reto que, involucrando a toda la organización, generará dinámicas y relaciones altamente positivas y motivadoras en los equipos, así como nuevas oportunidades de negocio.

Carlos Galve es socio de tecnología e innovación de Everis.

Normas
Entra en EL PAÍS