Alta dirección
Universidad de Harvard
Fachada de la Universidad de Harvard.

Así afrontaría la era digital la Universidad de Harvard

La revista de la institución revela por primera vez en castellano las 10 claves de dirección

Por primera vez, la Universidad de Harvard, a través de su revista Harvard Business Review, publica en castellano las 10 tendencias más relevantes e influyentes sobre gestión e innovación. Los Must Reads 2017, como se las conoce en la edición original, recogen las máximas ideas y reflexiones sobre negocios, estrategia y liderazgo, analizando las políticas que están implantándose en las organizaciones, el papel que juegan las personas en las compañías y las técnicas para competir en un panorama cada vez más digital e incierto. Estos son los 10 puntos que hay que tener en cuenta, según la prestigiosa universidad, hechos públicos ayer en un acto organizado por la consultora Opinno. 

1. Sobrecarga colaborativa.

A medida que los negocios se convierten en más globales e interdisciplinarios, se rompen los silos, aumenta la conectividad y se considera el trabajo en equipo como clave del éxito. Esto, pese a los consecuencias positivas que acarrea para las empresas, supone que el tiempo que dedican los gestores y trabajadores a las actividades colaborativas haya aumentado más de un 50% en los últimos años, llegando a ocupar casi el 80% del total de la jornada. A esto se le suma que la distribución del trabajo colaborativo a menudo está desequilibrada. En la mayoría de los casos, entre el 20% y el 35% de las colaboraciones con valor añadido vienen de tan solo un 5% de los empleados. “El resultado es que estos profesionales se llevan el trabajo a casa y pronto el estrés, el desgaste y la escasa rotación se convertirán en riesgos reales”, explicó el consejero delegado de Opinno, Pedro Moneo.

2. Los algoritmos también necesitan mánager.

Los algoritmos hacen que las predicciones sean cada vez más precisas, pero también tienen sus propios riesgos, especialmente cuando por su complejidad, no se consiguen entender. El origen del problema no está en los errores informáticos, sino en fallos que cometen los profesionales. Para evitar dar un mal paso, los directores necesitan entender lo que hacen bien los algoritmos y qué preguntas contestan y cuáles no, porque al menos por ahora, no son útiles para todo. “Un ejemplo lo encontramos en Uber. Tras el volante de los coches siempre hay un programador por si algo falla”, prosiguió Moneo. “Las empresas se esfuerzan por utilizar el big data, pero la mayoría no han empezado a recopilar la información necesaria para poder servirse de él”, añadió la directora de atracción de talento de Europa occidental de Microsoft, Blanca Gómez.

3. Las nuevas reglas de la estrategia en la economía digital.

 Las empresas que eviten desarrollar plataformas y no aprendan nuevas reglas de estrategia serán incapaces de competir. En este punto entra en juego una guerra abierta entre las compañías por lograr los mejores activos tangibles e intangibles, donde el talento o la propiedad intelectual cobran fuerza.

4. Convertir el design thinking en estrategia.

 En un mercado saturado y competitivo, en el que cada vez es más importante diferenciarse para poder sobrevivir, el diseño ha cobrado fuerza y se ha colado en la lista de las tendencias vitales para una organización. Todos los procesos creativos, y los equipos encargados de llevarlos a cabo, deben impulsarse dentro de las empresas, acompañar al consejo de administración y a los máximos órganos durante la toma de decisiones y ser la mano derecha del presidente y del consejero delegado, para pasar a ser un elemento diferenciador de la compañía.

5. En busca de la innovación inversa.

Las empresas multinacionales de Occidente se están dando cuenta de que puede ser una buena opción diseñar sus productos y servicios en economías en desarrollo y, tras aplicarles algunos ajustes globales, exportarlos a países desarrollados. Este proceso, conocido como innovación inversa, porque es lo opuesto al enfoque tradicional que elabora primero los productos para las economías avanzadas, permite a las empresas disfrutar de lo mejor de ambos mundos. Esto tiene sus complicaciones, como conocer el comportamiento y las necesidades de los consumidores de mercados emergentes, cuyos patrones de gasto, uso de tecnología y percepción del estatus son diferentes. Pero es útil intentarlo.

6. La revolución de la atención médica liderada por los empleadores.

“A veces, los intereses de empresa y empleado están enfrentados, porque mientras la primera quiere que el trabajador no coja la baja y que el seguro cueste el menor dinero posible, el segundo pide lo contrario”, recordó Moneo. Las aseguradoras tienen el reto de utilizar el big data para avisar a sus clientes, conociendo sus comportamientos e historial, de los posibles accidentes o enfermedades. Y que las organizaciones ofrezcan estos servicios.

7. Conseguir el sí.

En un mundo conectado, las reuniones y negociaciones con gente de otras culturas cada vez son más frecuentes e importantes. La publicación recomienda, para salir airoso, conocer todos los consejos útiles para afrontar uno de estos procesos con personas de cualquier lugar del mundo.

8. Los límites de la empatía.

Al talento, cada vez más cotizado en las empresas, se le va a pedir un extra: la empatía. “Gente que ayude a transmitir los mensajes, que se ponga en la piel del otro... Pero el exceso de esta empatía a veces desgasta al empleado, y hay que saber calibrarla”, apuntó Moneo. “Es importante tener esto en cuenta, porque los perfiles realmente adecuados escasean”, añadió la directora nacional de grandes cuentas de Randstad, Marta Valer.

9. Las personas antes que la estrategia.

Ha llegado la hora de que los recursos humanos den el mismo salto que protagonizaron en su momento los departamentos y responsables de finanzas para llegar a convertirse en socios indispensables del presidente o consejero delegado.

10. Más allá de la automatización.

Es de sobra conocido el impacto que la automatización y robotización puede tener en las empresas y en los puestos de trabajo. La revista de Harvard, sin embargo, da un paso hacia delante, insistiendo en las posibilidades que esconde esta revolución: “Hay que mirar a la tecnología como un potenciador del profesional, y no como un sustituto. En definitiva, que los avances no disloquen las estructuras creadas”, recordó Moneo.

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