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Generaciones de Ibiza, un icono que proyecta la modernidad, jovialidad y  vanguardismo de la isla.
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Vehículos con apego a nuestra tierra

Seat aún apuesta por nombres de ciudades para bautizar a sus automóviles; el próximo, el Arona

El pueblo de Ateca (Zaragoza) pensaba que era una broma cuando se enteró de que Seat iba a bautizar a uno de sus coches con su nombre, cuenta Ramón Cristóbal, alcalde de esta localidad de apenas 2.000 habitantes y a cinco kilómetro de Calatayud. “De momento, no hemos notado beneficio económico”, dice Cristóbal, pero el municipio ya se ha colocado en el mapa internacional y han empezado a venir compradores de este coche y periodistas de todo el mundo en busca de reportajes.

Aunque otros fabricantes han optado por la estrategia de poner nombres de ciudades españolas a algunos modelos, como el legendario Ford Granada de los años setenta, Seat ha sido la más prolífica en España, tanto que sus modelos han ayudado a construir la historia del país.

Una idea por la que este fabricante apostó en la década de los ochenta cuando salió del paraguas de la marca Fiat, y su objetivo prioritario era empezar a exportar sus modelos a Europa. “Era una forma de identificar la marca con España en el exterior, de españolizarla en un momento clave”, comentan desde la compañía. A este motivo deben su nombre el Ronda, Marbella, Toledo, Córdoba, Ibiza...

"Era una forma de identificar la marca con España en el exterior, de españolizarla en un momento clave”, comentan desde Seat

Pero esta no es la única razón por la que una compañía elige los nombres de sus modelos, señalan en la marca, cuyo próximo lanzamiento también llevará el nombre de un municipio español, Arona, a las faltas del Teide, en la isla de Tenerife.

Nombres cortos, fáciles de pronunciar en todos los idiomas, de tres sílabas y cinco o seis letras y que empiecen principalmente por A son claves para que funcionen, explican en Seat. Pero también hay que evitar denominaciones que pueden generar animadversión en determinado tipo de público. Por eso, “nunca ningún Seat se llamará Madrid o Barcelona”, afirman.

Además, las marcas pueden aprovechar el tirón de las ciudades. Es lo que ocurrió con el mítico Seat Ibiza. Un modelo que pretendía mostrar el carácter mediterráneo, juvenil, independiente y vanguardista de una isla condenada a convertirse en un icono, dirigido a un público mucho más joven.

Pero existen otros motivos a la hora de elegir nombre. En la marca italiana Lamborghini, todos sus modelos tienen motivos taurinos –indican–, porque el fundador era un gran aficionado a la tauromaquia (Miura, Gallardo y el último, Lamborghini Aventador).

E incluso por circunstancias sobrevenidas: cuentan en Ford que el Ka se llama así porque el presidente de Ford, de origen libanés, se refería a este modelo con el nombre inglés, the car, que sonaba ka y, finalmente, acabó llamándose así. En otros casos, la denominación pretende transmitir la esencia del vehículo, como el Ford Fiesta, Sierra, etc.

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