jubilación de autónomos

La normativa que impide al autónomo tener buena jubilación

Analizamos las razones por las que los trabajadores por cuenta propia no pueden acceder a una pensión de jubilación equiparable a la que actualmente tienen los asalariados

El sistema de cotizaciones de los trabajadores autónomos se podría calificar como contradictorio. Lo que teóricamente son ventajas para diseñar la jubilación a su gusto, se convierte en la práctica en un sistema que, por los condicionantes específicos que rodean a un trabajador autónomo, dificulta el acceso a una buena pensión de jubilación. Hecho que queda corroborado con el dato de que, en diciembre del año pasado, la pensión media de un trabajador del régimen general era un 40% superior que la cobrada por un trabajador autónomo. Una diferencia demasiado grande que nos hace preguntarnos: ¿qué causas impiden a este tipo de trabajadores acceder a una prestación adecuada al finalizar su carrera profesional?

Los problemas del sistema de cotización del autónomo

A priori, el autónomo puede diseñar su protección social, ya que puede modificar permanentemente sus cotizaciones, según sus ingresos. El problema está, como advierte Celia Ferrero, vicepresidenta ejecutiva de ATA, en que éstos no son fijos. “El hecho de que esos ingresos sean inciertos empuja en muchas ocasiones a los autónomos a no cotizar por bases superiores a la mínima, lo que evidentemente merma la cuantía de sus prestaciones y de su pensión de jubilación”.

La solución para esta problemática se encuentra cercana, según la propia Ferrero, quien recuerda que el Congreso estudia la posibilidad de que los autónomos puedan cambiar de base de cotización hasta en cuatro ocasiones, en lugar de las dos actuales.

Otros factores que impiden tener una buena jubilación

  • Para calcular la prestación sólo se tienen en cuenta los últimos años de la vida laboral. Tener en cuenta toda la vida laboral, así como todos los regímenes en los que haya participado también ayudaría a compensar la cantidad final a percibir.
  • Por otro lado, Ferrero retiraría el límite de base máxima a partir de los 47 años. Este hecho penaliza a los autónomos con una gran trayectoria, pero con baches en el último periodo. Si, con motivo de menos ingresos, no ha podido cotizar como le gustaría, probablemente consiga mucha menos pensión de jubilación.
  • Compatibilizar una pensión al 100% con el trabajo por cuenta propia. Esto sería muy interesante si tenemos en cuenta que muchos autónomos prolongan más allá de los 65 años su vida laboral.
  • En línea con lo anterior, establecer sistemas públicos de capitalización individual y complementaria de mejora voluntaria también ayudaría a mejorar la pensión en el futuro.
  • Apoyarse en un plan de pensión privado. Esta es la salida que les queda a muchos profesionales por cuenta propia. Eva Tamayo, directora comercial de Vida-Salud de MAPFRE ESPAÑA, asegura que la clave para elegir un plan será valorar previamente qué nivel de vida queremos tener llegado ese momento.

Existen muchas fórmulas de ahorro en este punto. Los propios Planes de Pensiones, los Planes de Previsión Asegurados (PPA), los Planes Individuales de Ahorro Sistemático (PIAS) y los Seguros Individuales de Ahorro a Largo Plazo (SIALP). Estos dos últimos tienen ventajas fiscales. Este tipo de bonificaciones también se posiciona como un incentivador del ahorro para los autónomos, lo que ayudaría a compensar sus bajas pensiones.

Análisis para elegir un plan de pensiones privados

Desde MAPFRE, recomiendan, en primer lugar revisar cuál será la pensión real que le quedará al trabajador en cuestión, según lo que haya cotizado a lo largo de su trayectoria. Después valorar la situación económica que tendrá al jubilarse, frente al nivel de vida que desee mantener. Por último, valorar la necesidad real de complementar esta pensión con un ahorro privado. Desde la aseguradora, han puesto en marcha un simulador gratuito de Cálculo de Pensión, con el objetivo de obtener de una forma más rápida y fiable todos estos datos.

Por último, también se debe tener en cuenta la edad del ahorrador, sus necesidades de liquidez actuales y futuras y las preferencias de riesgo.

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