Editorial
Una vuelta a la fiscalidad de los fondos

Una vuelta a la fiscalidad de los fondos

En el transcurso de la crisis los fondos de pensiones han perdido nada menos que el 38% de los partícipes con aportaciones sujetas a deducción fiscal; si en 2007 casi 4,4 millones de españoles hacían aportaciones, en 2015 solo las hacen 2,8 millones. Esta evolución no quiere decir que quienes aportaban al principio de la crisis hayan dejado de tener una parte de sus ahorros en los fondos de pensiones, sino que no disponen de renta liberada suficiente como para mantener el ritmo de aportaciones, como consecuencia precisamente de la pérdida de capacidad de ahorro que ha generado el ajuste de empleo y de salarios. Según los datos proporcionados por Hacienda, la mayoría de los partícipes que mantienen su aportación puntualmente, o que al menos lo hicieron en 2015, se concentra en los tramos de renta de 12.000 a 60.000 euros, aunque el grueso de la deducción está en las rentas más elevadas, a partir de los 60.000 euros.

En la última reforma fiscal, el Gobierno recortó las aportaciones anuales máximas con posibilidad de deducción, aunque no parece que tal circunstancia haya tenido nada que ver en este descenso de los partícipes que ceban regularmente su fondo. La limitación solo ha servido para aliviar los gastos fiscales, y para limar la falta de progresividad de la deducción, que beneficia más a las grandes aportaciones si provienen de partícipes con rentas elevadas.

Es lógico considerar que la caída de partícipes con aportación regular es únicamente fruto de la crisis, y en absoluto de ningún cambio en los planteamientos fiscales, y que una recuperación de la economía, del empleo y de la renta, facilitará también el avance del ahorro y la vuelta de las aportaciones de los fondos de pensiones. La capacidad de la fiscalidad para movilizar el destino del ahorro es muy importante, como ha ocurrido en el pasado con inversiones como la vivienda. No debe despreciarse, y en absoluto recortarse, dado que las dificultades venideras de la Seguridad Social para sostener prestaciones de retiro tan generosas como las actuales aconseja que la población busque complementos a sus rentas de jubilación por la vía del ahorro personal. El Gobierno debe, además, informar, como es su compromiso adquirido hace años, de la estimación de pensión para los cotizantes de más de 50 años, para que dispongan de capacidad de maniobra con su ahorro y puedan complementar su pensión si lo estiman oportuno.

Está por ver que un replanteamiento de la deducción que beneficiase más a las rentas más bajas tuviese un efecto beneficioso para los partícipes de rentas modestas. En todo caso, el tratamiento que el rescate de los fondos tiene en términos fiscales puede convertirse en un desincentivo para la capitalización, ya que tanto las aportaciones como sus rendimientos tributan como rentas anuales regulares, sin ningún alivio que incentive el ahorro.

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