Tribuna

Elevar la productividad, el gran reto de España

La economía española encarará pronto una nueva legislatura que, aunque vendrá marcada por la incertidumbre política y la desaparición de la mayoría absoluta del partido que forme Gobierno, contará a su favor con una tendencia claramente ascendente del crecimiento, justo lo contrario que en 2011. Tras unos años muy duros, la mejora del desempleo es un hecho, la percepción de riesgo-país en los mercados financieros es mínima (si bien esta situación está directamente inducida por la política expansiva del BCE) y el PIB alcanzará pronto en términos reales los niveles previos a la crisis. La previsión de nuestro informe de coyuntura Focus es que la economía crezca un 3,1% este año y un 2,6% en 2016. Ahora, el gran desafío es mejorar la productividad y elevar así el potencial de crecimiento.

Los indicadores de actividad revelan un buen comportamiento de la demanda, no solo a nivel del consumo minorista: las importaciones de las grandes empresas, que concentran cerca del 87% del total nacional, exhiben un crecimiento del 8,7% interanual en lo que va de año. De hecho, la venta de bienes de equipo y software se aceleró en el tercer trimestre del año, al calor de los buenos resultados corporativos cosechados de forma generalizada durante el primer semestre del año. Estos datos constituyen una muy buena noticia, porque la inversión de las empresas en tecnología y bienes de equipo será determinante para mejorar su productividad y competir en el exterior vía valor añadido, la clave para un crecimiento sano y sostenido en el tiempo.

Pese a estos indicios, el ajuste del gasto en inversión del tejido empresarial nacional es aún más que notorio. La inversión en bienes de equipo y software creció respectivamente un 8,1% y un 7,1% en agosto y septiembre en la comparativa interanual, unas muy buenas cifras de tendencia, pero que no evitan que los importes sean aún un 40% inferiores a los máximos de 2007. El incremento del stock de capital será esencial si se quiere mejorar en productividad. La recuperación del empleo ha sido intensiva en los últimos meses. Pero, pese a la buena noticia que supone para miles de parados, el hecho de que el empleo y el PIB estén creciendo prácticamente al mismo ritmo es una señal clara de que el crecimiento se está apoyando hasta el momento sobre actividades de escaso valor añadido y poca productividad. De hecho, la retribución media en las grandes empresas sigue estancada en niveles similares a los de 2012.

Por otra parte, la economía española es vulnerable a los shocks externos. La amenaza yihadista sigue estando presente, lo mismo que la posibilidad de un conflicto armado a gran escala en las zonas donde más golpea el terrorismo islámico, que tendría unas consecuencias difíciles de calibrar. El ajuste del modelo de crecimiento de China está teniendo repercusiones en todo el mundo, en particular en los productores de materias primas, con especial impacto en América Latina, una región que se encamina hacia el quinto año consecutivo de caída en términos de PIB real. Por otra parte, las exportaciones españolas están creciendo principalmente dentro de la eurozona, que entre las grandes áreas económicas del mundo es la que está mostrando una mayor inseguridad. A nivel doméstico también hay una serie de elementos que gravitarán sobre el ritmo de expansión: un eventual incumplimiento de los objetivos de déficit público que desemboquen en un nuevo paquete de exigencias de recortes por parte de Bruselas; una potencial fragmentación política que dificulte la gobernabilidad y las posibles consecuencias derivadas del desafío secesionista catalán.

Con todo, se vislumbra un buen panorama económico y hay numerosos factores que lo apuntalan: el bajo precio del petróleo, el ahorro obtenido en las sucesivas rebajas de impuestos, el optimismo de los consumidores ante la mejoría generalizada de la economía y las promesas de rebajas fiscales en los programas electorales de los principales partidos, el abaratamiento de los costes de financiación y la estabilización de los mercados propiciada por la intervención del BCE. Este momentum positivo debería ser aprovechado para reforzar la transformación cualitativa del patrón de crecimiento. Creemos que apostar por un redimensionamiento del tejido empresarial (el porcentaje de micropymes, con una escasa capacidad para ganar competitividad, es en nuestro país claramente superior al promedio europeo) y por la consolidación del sector exportador de la industria manufacturera es una estrategia que proporcionaría unos réditos excelentes para España.

Santiago Martín  es director general de Axesor.

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