La victoria del 'no' apunta a la quiebra y al Club de París
El primer ministro griego Alexis Tsipras instando al no en la consulta del domingo.
El primer ministro griego Alexis Tsipras instando al no en la consulta del domingo. EFE

La penúltima oportunidad para Grecia

Tantas jornadas decisivas, tantos plazos incumplidos, tantos abismos y precipicios vislumbrados... y la penúltima oportunidad para un acuerdo entre Grecia y la zona euro llegó de repente. Las dos partes velaban el viernes las armas ante un referéndum convocado hace solo ocho días y cuyos resultados se prestarán se prestarán a casi tanta confusión como la pregunta planteada por el Gobierno de Alexis Tsipras. El primer ministro griego convocaba a sus fieles en la plaza Syntagma de Atenas para cerrar la campaña, mientras las capitales europeas se mantenían en estado alerta ante la incertidumbre que puede desencadenar el plebiscito.

Sea cual sea la respuesta (los sondeos dan una ligera ventaja al a los términos del acuerdo planteado por la troika), Atenas y Bruselas saben que ya nada será como antes de un 5J en que, por primera vez desde el nacimiento del euro hace 16 años, un socio se juega su futuro en la moneda única y el euro, su integridad.

Para Atenas y Bruselas, las consecuencias de la victoria del nae (sí) provocaría la caída del Gobierno de Tsipras, que llegó al poder en la elecciones generales del 25 de enero. Más incierta sería la secuencia posterior, que oscilaría entre un gobierno de concentración (con o sin Syriza) o en unas nuevas elecciones.

Los escenarios del oxi (no), en cambio, ofrecen interpretaciones muy dispares, por no decir, contrapuestas. Para Tsipras, la victoria del no daría a Grecia muchas bazas para conseguir una renegociación de la deuda, con períodos de carencia de hasta 40 años y una quita de 50.000 millones de euros.

La visión no puede ser más distinta desde Bruselas. La Comisión Europea considera que “la victoria del no debilitará dramáticamente la posición negociadora de Grecia”, según indicó el viernes su presidente, Jean-Claude Juncker.

Del mismo tenor se expresan casi todas las capitales europeas, donde descartan suavizar los términos del borrador de acuerdo de la troika simplemente porque los griegos hayan votado en contra. “En la zona euro hay 19 democracias, no solo una”, señala un alto cargo europeo. “A partir del lunes”, añade, “hay que buscar una solución aceptable para todos los europeos, no solo para los griegos”.

De modo que, con las papeletas en alto y las urnas por abrir, Grecia se enfrenta a varios escenarios, todos muy imprevisibles y casi igual de peligrosos

Programa puente

El escenario más positivo de los que maneja Bruselas se basaría en una victoria del , rotunda a ser posible. En ese caso, las instituciones europeas parecen dispuestas a negociar rápidamente con un nuevo ejecutivo griego una suerte de “programa puente” que evite la bancarrota y mantenga a flota a Grecia hasta la negociación de un tercer rescate después del verano. Aunque el segundo rescate expiró el 30 de junio, Europa dispone todavía de los beneficios derivados del programa de compra de deuda griega en 2014 (1.900 millones de euros) y en 2015 (1.400 millones). Al plan se añadiría, probablemente, la benevolencia del Banco Central Europeo, que podría aliviar la asfixia de la banca griega, y la del fondo de rescate de la zona euro (FEEF), que no ejercería su derecho a reclamar de manera inmediata el reembolso de 144.600 millones de euros adeudados por Atenas. El FMI, además, podría aceptar un retraso en el pago de los 1.500 millones de euros que Atenas dejó a deber el pasado 30 de junio.

Tercer rescate

Las dos partes consideran inevitable un tercer rescate. El Gobierno de Tsipras lo admitió el martes, al pedir una prórroga del segundo rescate y solicitar un tercero (también denegado) para cubrir unas necesidades de financiación de al menos 29.000 millones hasta 2017. El FMI eleva esa cifra a 62.000 millones hasta 2018 más una quita en la deuda actual equivalente a unos 52.000 millones de euros. Entre rescates y reestructuraciones, la factura griega podría dispararse hasta 450.000 millones de euros, más del 200% del PIB del país. Sea cual sea el resultado del domingo, la zona euro y Berlín, en particular, no parecen dispuestas a seguir negociando cifras tan descomunales con Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, cuyos lazos con otros Gobiernos parecen casi rotos por completo.

‘Corralazo’

La victoria del no pondría a Grecia a una versión extrema del corralito decretado el pasado domingo, que restringió a 60 euros diarios las retiradas de efecto y exige autorización para transferir dinero fuera del país. La banca griega, a la que el BCE ha congelado el suministro, señaló el viernes que dispone de un colchón de poco más de 1.000 millones de euros para atender a sus clientes. Fuentes europeas calculan que, sin un gesto del BCE, la liquidez en Grecia podría agotarse el próximo miércoles, lo que obligará al Gobierno a restringir más drásticamente aún los movimientos de capital.

Club de parís

La bancarrota de Grecia parece ser el desenlace final si la negociación continuara bloqueadas tras una victoria del no. En cualquier momento, el fondo de rescate de la zona euro podría exigir a Atenas el reembolso inmediato de su deuda (144.600 millones de euros), lo que condena a Grecia a la quiebra. En ese caso, el país podría terminar en el llamado Club de París, el foro de países acreedores que desde los años 1960 ha resuelto, a base de quitas y renegociación, centenares de conflictos sobre deuda soberana (por un valor total de casi medio billón de euros), la mayoría entre países occidentales y subdesarrollados o del antiguo bloque soviético. Grecia encabeza desde hace tres años la lista de potenciales clientes de París, con una deuda directa con sus socios de 62.000 millones de euros, según el último balance del Club.

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