El Foco

¿Creemos en la ciencia y la innovación?

El 30 de septiembre, el Gobierno presentó al Parlamento para su tramitación el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2015. Como venimos haciendo en los últimos años, hemos analizado para la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce) su contenido en la política de gasto de investigación, desarrollo e innovación y su evolución respecto a años anteriores, desde una posición lo más objetiva, científica, posible. Si tomamos los datos puestos a disposición por el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas en su web, lo que nos encontramos es que se mantiene el nivel de mínimos en las inversiones en los aspectos clave para la generación de conocimiento científico y el impulso a la innovación productiva. En palabras más llanas: la inversión en I+D+i sigue bajo mínimos, sin recuperar lo perdido en los años pasados.

Se mantiene el nivel de mínimos en las inversiones en los aspectos clave para la generación de conocimiento

Por mucho que se diga que la investigación es prioritaria y que se quiere crear una economía basada en el conocimiento, los hechos de los Presupuestos claramente indican lo contrario. A este ritmo y con esta filosofía, el volver a situaciones previas: equipos de investigación fuertes y de calidad, con recursos suficientes y con garantías de continuidad a lo largo del tiempo, con credibilidad ante el mundo para atraer científicos e inversiones de nivel adecuado, puede tardar muchos años.

Antes de la presentación del proyecto de Presupuestos oímos a representantes del Gobierno decir que se apostaba por la investigación como pilar fundamental de la recuperación económica y que iba a ser tratada favorablemente en los Presupuestos. La realidad desgraciadamente es bastante distinta. Es cierto que el conjunto de los fondos dedicados a I+D+I en la propuesta para 2015 aumenta en un 4,24% respecto a los Presupuestos aprobados para 2014. Pero si profundizamos en los detalles, vemos que de los 260,69 millones de aumento propuesto, los fondos financieros (para créditos) aumentan en 267,7 millones, mientras que los no financieros, para inversión y gasto real, disminuyen en 7 millones, y de los 267,7 millones de créditos, 220,55 están destinados a innovación en la industria de defensa. No es que no haya que hacerlo (sufrió unos recortes durísimos anteriormente que afectó a mucha actividad industrial en años pasados), pero no debe usarse para encubrir la situación que pasa la inversión pública en investigación e innovación en España.

Respecto a 2014, es rara la partida o conjunto de partidas presupuestarias que ve aumentar su dotación de forma apreciable, y si se da el caso es porque otras partidas se reducen en una cantidad similar. La percepción de la gravedad de la situación es todavía mayor según vamos adentrándonos en los detalles. Ciertamente apenas hay una reducción de 7 millones en fondos no financieros para I+D. Pero estos fondos, excepto en 2013, solo han sido menores antes de 2006. Hay casi 1.000 millones menos que en 2011 y alrededor de 1.800 menos que en 2008 y 2009. Con esto la realidad es que la situación de falta de financiación se consolida y no hay paso alguno para volver a dotar a la actividad investigadora de unos mínimos recursos para intentar la recuperación. La situación es especialmente grave en dos aspectos críticos: los organismos públicos de investigación (OPI)y los fondos para formación de personal investigador. Los OPI han visto reducido su presupuesto desde 2009 en casi 450 millones, más de un tercio del presupuesto actual, y si hablamos de la reducción acumulada desde ese año, esta resulta ser 2.191,78 millones. Solo el CSIC tiene propuesto para 2015 un presupuesto de 597,11 millones, 236 menos que en 2009. En estas condiciones, los OPI procuran sobrevivir en una situación de mínimos y dentro de un marco administrativo que, se puede pensar, dificulta más que facilita su labor de servir a la sociedad.

Una parte de los fondos de formación de futuros científicos retorna al Estado por la Seguridad Social

Y respecto a la formación, los fondos no han dejado de disminuir desde 195,98 millones en 2009 hasta el entorno de 135 en que se han mantenido los últimos tres años. Si de por sí esto ya es grave, la consideración de las circunstancias lo empeoran más aún. Hace años, los fondos de formación se materializaban en becas, con un coste determinado, casi íntegramente destinado al científico en formación. Aparte de la formación en sí, cada beca es una persona desocupada –en el paro– menos, con el coste que eso supone para el sistema y para la propia persona. Desde hace años una parte de las becas se convirtieron en contratos. Al coste salarial hay que añadirle el de la Seguridad Social, que paga el empleador, con lo que el coste total por becario/contratado aumenta de forma sensible. En resumen, hay igual o menos dinero, con lo que el número de personas en formación resulta ser menor. El personal en formación tiene su cobertura social y su antigüedad laboral pero una parte de los fondos de formación de futuros científicos al final retorna al Estado por la Seguridad Social. El resultado es menos personas formadas para generar conocimiento en nuestro país y más titulados de alta formación en situación de desempleo, con el coste, también económico, que eso supone.

En un reciente vídeo de las National Academies de Estados Unidos para difundir el estudio Hacer avanzar la empresa científica de América. Ciencia sin sobresaltos se justifica la necesidad de seguir invirtiendo en investigación para mantener el liderazgo –también económico– de EE UU. Y se señala que esa posición requiere una ciencia que se sustente en tres pilares: un personal del mayor talento posible, formado e interconectado; los adecuados recursos, disponibles de forma estable y predecible, que atraiga a personas capacitadas; y una investigación básica de liderazgo mundial, con infraestructuras adecuadas. Cuando vemos esto, explicado y razonado, y luego ejecutado de manera consecuente y comparamos con la situación de España podemos hacernos la pregunta del título: ¿creemos realmente en la ciencia y la innovación para tener un país próspero y avanzado?

Sin inversión inteligente y continuada no es posible mejorar la industria del conocimiento en la que basar una economía sólida ni aspirar a un país próspero. Pero la situación de la generación de conocimiento e innovación en España tiene, además, otros problemas de tipo institucional y social. Si el de la financiación con seriedad y continuidad, que es grave pero relativamente fácil de solucionar, no se resuelve a pesar de las promesas, ¿cómo vamos a confiar que otros problemas existentes, tan graves o más que esta financiación, pero mucho más complejos por las implicaciones que tienen, se van a abordar con seriedad e intentar darles solución pensando en el país del futuro por encima de otros planteamientos?

José de Nó Sánchez de León es investigador Científico, CAR-CSIC. Miembro del FEI.

José Molero. Universidad complutense. Miembro del FEI.