El Foco

¿Inteligencia económica?

Inteligencia económica... Cada día nos levantamos con estas dos palabras en cualquier medio de comunicación, tanto especializado como generalista, sin embargo nos encontramos con que nos es muy difícil precisar a qué nos referimos cuando colocamos estos dos términos juntos.

Comencemos por analizar el primero de los términos: inteligencia. En estructuras sociales heterogéneas, en las que las relaciones entre individuos y grupos adquieren un nivel de dinamicidad y complejidad exponencialmente creciente en función de su nivel de acceso a la información disponible, hemos de comportarnos inteligentemente para asegurar tanto nuestra supervivencia individual como la del grupo del que formamos parte.

Si no definimos un objetivo y unas estrategias, nos limitaremos a decisiones de supervivencia cortoplacistas

De lo antedicho observamos que, si no somos capaces de evaluar a qué riesgos y amenazas nos enfrentamos en nuestro entorno, y no detectamos las oportunidades que se nos presenten, tendremos pocas probabilidades de tomar decisiones orientadas a la mejora de nuestra posición frente a otras personas o grupos que quieren acceder a los mismos recursos a los que nosotros necesitamos acceder.

Con el fin de dotarnos de las capacidades necesarias para operar en el sentido que hemos expuesto, habremos de ser capaces de señalar un objetivo a conseguir claro, porque, en caso contrario, no podremos trazar estrategias para alcanzarlo. Sin la definición de este objetivo y las estrategias para su consecución que han de acompañarle, nos limitaremos a tomar decisiones que nos permitirán asegurar la supervivencia a corto plazo de la organización pero que, en ningún caso, nos permitirán ser resilientes en el medio y largo plazos. Limitaremos, pues, nuestra capacidad de desarrollar el nivel estratégico constreñidos por la necesidad de sobrevivir un día más en un entorno cada vez más dinámico y competitivo.

Si no aplicamos la inteligencia a la hora de tomar decisiones, jamás seremos capaces, por otra parte, de detectar las oportunidades que se suelen presentar en entornos caracterizados por su inestabilidad y riesgo ya que estos son, frecuentemente, los que más oportunidades de innovación y de generación de nuevo valor ofrecen a aquel que disponga de formación, información y recursos suficientes para aprovechar la antedicha oportunidad.

Es, precisamente, la capacidad para detectar oportunidades uno de los talentos más preciados que pueden encontrarse. Por ello, cuando esto ocurre, es preciso mimarlo, orientarlo, entrenarlo y retribuirlo adecuadamente.

Añadamos ahora el segundo término: económica. El mundo actual se caracteriza por una progresiva tendencia hacia la globalización económica. Las fronteras económicas, y en menor medida las políticas, tienden a desaparecer. La posibilidad de ejercer un control sobre los flujos económicos, incluyendo las actividades productivas, desde estructuras políticas clásicas, se desvanece poco a poco. Más aún si consideramos ese nuevo territorio que conocemos como ciberespacio como uno de los campos de batalla en los que intervenir a la hora de generar nuevo valor. Un valor soportado sobre la base de una ingente cantidad de datos que han de ser convertidos en nuevo conocimiento.

Este enorme espacio de riesgos y oportunidades se caracteriza por la existencia de una multiplicidad de reglas aplicables a su funcionamiento. Un territorio en el que la alegalidad, cuando no directamente la ilegalidad, campan a sus anchas. Un territorio aún por explorar que habrá de ir generando sus propias reglas de convivencia, muy alejadas de las que actualmente aplicamos en el mundo físico.

Los recursos disponibles deberán orientarse hacia la generación de valor tanto individual como colectivo

En este campo de juego, a menudo transformado en campo de batalla, la abundancia de información disponible induce una falsa sensación de seguridad. Tendemos a creer que esa información es adecuada para evaluar riesgos y detectar oportunidades. Nada más errado. Sufrimos de un problema de infoxicación. De inundación de información no relevante para nuestros objetivos.

Las decisiones estratégicas, sin embargo, habrán de tomarse con poca información, pero la misma habrá de ser muy relevante y el análisis de inteligencia asociado a esta información habrá de encontrarse disponible en el momento en que sea requerido.

Se habrá de conocer qué hacen, en cada instante, aquellos que compiten con nosotros y los recursos disponibles deberán orientarse hacia la generación de valor, tanto individual como colectivo, tanto tangible como intangible porque, en caso de no hacerse así, inducirá externalidades negativas en todo lo referente a la reputación del individuo o de la organización de que se trate poniendo en riesgo cierto su propia supervivencia.

Además de lo antedicho, no podemos olvidar la protección de nuestra propia información introduciendo el término ciberseguridad entre nuestros activos. La necesidad de que operemos, fundamentalmente en el mundo virtual, con el fin de transformar el relato que de nosotros hacen nuestros clientes en un elemento adicional generador de valor.

En un escenario tan complejo, tan caótico como el descrito, será necesario adquirir, conservar, orientar y recompensar el talento. El talento individual, sí, pero aún más el talento colectivo, de tal manera que un día podamos cambiar cualquier apellido al término inteligencia por el más deseable de colectiva, inteligencia colectiva.

Todo lo antedicho, y muchas acciones más, configuran la inteligencia económica y este es el motivo por el que, desde una universidad pública española de reconocido prestigio, como es la Universidad Autónoma de Madrid, se ha decidido crear la Escuela de Inteligencia Económica.

Porque pretendemos hacer aflorar el talento de sus estudiantes de cualquier disciplina. Todo conocimiento es necesario en el mundo de la inteligencia económica. Un matemático, un filósofo, un economista, un abogado o un psicólogo han de aportar sus capacidades especializadas para dar una imagen lo más completa posible de un determinado entorno. Esta imagen, dirigida hacia un objetivo económico concreto, se denomina análisis de inteligencia económica.

Enrique Ávila Gómez es subdirector de la Escuela de Inteligencia Económica de la UAM. @IIinteligencia