El Foco

Inteligencia territorial

La pregunta es cómo puede el Estado servir a los intereses de todas las personas. Los autores explican el papel que los territorios pueden jugar en el contexto de crisis actual

Aunque pueda parecer provocador, en la situación de brutal crisis en la que estamos sumidos -por la continua desidia de unos, la avaricia del homo economicus y, en general, por creer en la falacia del crecimiento económico continuo-, creemos que hay que ponerse a pensar y trabajar, de una forma u otra, en cómo debemos plantear escenarios de postcrisis y cómo empezar a gestionarlos desde este preciso momento: sean cuáles sean y por drásticos que parezcan respecto de los paradigmas actuales.

A la luz de lo acaecido estos últimos años, parece claro que nuestro Estado debe cuestionar seriamente su statu quo actual, el contrato social suscrito con la población y cuál debe ser su papel esencial en los próximos años -amén de ser, como decía Hegel, la conciencia de esa población-: cómo administrar y desplegar mucho más eficazmente los recursos de todo tipo que la población pone a su disposición, cómo reafirmar la supremacía de la política sobre la economía y qué nuevos roles debe asumir para servir los intereses de todas las personas, físicas y jurídicas, a las que atiende.

El Horizonte 2020 de la Unión Europea es una buena referencia para movernos en la buena dirección. Es un plan marco para que nuestro Estado aborde y despliegue esos nuevos roles si no quiere verse sobrepasado, desfasado u obsoleto: concretamente, el de estratega en un entorno de globalización y mundialización creciente, el de anticipador, facilitador, protector y regulador del tejido productivo y empresarial de nuestro país, además del de árbitro tradicional en la política y en la economía. De lo que hablamos aquí es de la transición de un Estado basado en implementar y operar un sistema recaudatorio y administrador de recursos y equidad, hacia el de un socio protector y generador de éxito en el medio y largo plazo en un entorno de globalización en el que las oportunidades, los avances tecnológicos y el conocimiento se deben gestionar políticamente para el florecimiento de una clase media, ahora cada vez más depauperada a escala global, y no para el único beneficio de unas élites egoístas con excesivo poder en nuestro sistema político actual.

La impresión es que, con las mimbres actuales, ninguno de estos objetivos están adecuadamente cubiertos por la estrategia de nuestro país en el seno de la Unión Europea y que el diferencial o asimetría con el resto de los países miembros con más peso se agranda o agiganta por momentos.

En el horizonte al que apelamos, creemos que el desafío más importante de España es la búsqueda de cómo optimizar la aportación de nuestros territorios al crisol de actividades económicas que yuxtapongan el saber hacer tradicional y las tecnologías más avanzadas, de tal suerte que podamos beneficiarnos de aportar el máximo valor añadido, un enfoque de seguridad para nuestra economía y experimentar así el crecimiento que necesitamos para alejarnos del desempleo brutal que nos lastra.

La inteligencia territorial en este sentido es un elemento de la inteligencia económica del Estado que permite concebir como un asunto estratégico de desarrollo territorial la información, como insumo generador de oportunidades y eliminación de riesgos, y su difusión y dominio entre los actores económicos y el propio Estado. Busca acrecentar la agilidad estratégica de un territorio y sus actores económicos, así como la fertilización cruzada de competencias, conocimientos e inversiones estratégicas entre empresas, redes de empresas, centros de investigación, formación, certificación, servicios del Estado, etc. El énfasis del Horizonte 2020 en estos aspectos es mucho más que una entelequia.

La inteligencia territorial o regional se concibe como un vehículo de inteligencia económica para desempeñar una serie de acciones concomitantes en los siguientes dominios:

l Vigilancia. Mutualizar la información pública al servicio de los actores públicos y privados creadores de riqueza y soportar la vigilancia estratégica de empresas locales o regionales.

l Diagnóstico. De los recursos propios del territorio en las materias elegidas, sus factores clave para el éxito o críticos de fracaso en el entorno europea y mundial.

l Coordinación de la acción pública. Apoyar a diversos niveles las políticas del Estado y diversos colectivos territoriales con el fin de valorizar las riquezas que posee el territorio y que, vía la innovación, pueden ser diferenciadoras dentro del Estado.

l Partenariados. Búsqueda permanente de potenciales partenariados públicos y privados en investigación, formación, espacios económicos coordinados de innovación, etc. En Francia, por ejemplo, esto lo plasman los polos de competitividad, tecnópolis, distritos industriales, etc.

l Redes. Desarrollo y activación de redes de actores que concurran en el desarrollo de actividad, a escala territorial, interregional, nacional, etc. En este aspecto, la inteligencia territorial colude directamente con aspectos como la gestión del conocimiento territorial y la inteligencia colectiva territorial dimanante de un espíritu colaborativo evolucionado.

l Conocimiento e innovación. Concebir y poner en funcionamiento dispositivos de intercambio de conocimiento entre los actores privados y públicos al objeto de favorecer la implicación territorial, la innovación organizacional, tecnológica, comercial y el entramado de dichos actores.

l Influencia e imagen. Poner en marcha dispositivos de influencia y de valorización de la imagen del territorio a escala nacional, europea y mundial, que destaque los intereses y capacidades fundamentales del territorio.

l Preservación. Potenciar el sostenimiento por parte de los actores públicos del Estado de la seguridad económica de los actores privados más innovadores a través de estrategias basadas en patentes, en creación de ventajas competitivas sostenibles y factores clave de éxito y en la detección y promoción de, por ejemplo, centros de actividad estratégica territoriales.

En este contexto de crisis y preparación a la postcrisis, la inteligencia territorial es una disciplina y enfoque que permitirá ir en el sentido de la creación de un Estado sólido y cohesionado articulado en territorios sólidos y optimizados, tanto en sus recursos como en sus procesos. Y, puesto que tal es la estrategia que parece llevar el Gobierno actual, emular las iniciativas tomadas ya por otros países en este ámbito no puede ser sino un éxito, amén de evitar el retraso endémico del que adolece España desde tiempos inmemoriales.

José Luis de la Fuente O'Connor / Hugo Zunzarren*

* Presidente de la Asociación Española para la Promoción de la Inteligencia Competitiva / Socio-director Técnico de ID Inteligencia.