El foco

Inteligencia y competitividad

Los autores reflexionan sobre los instrumentos necesarios para construir una estrategia que permita a Españam posicionarse económica y socialmente de cara al futuro.

Sin saber nada del viento y las corrientes, sin algún sentido de un propósito, los hombres y las sociedades no se mantienen a flote durante largo tiempo, moral o económicamente, limitándose a achicar agua".

Richard Titmuss, 1907-1973

Una vez más, los recientes acontecimientos geoeconómicos acaecidos en nuestra economía y a nuestras empresas ponen de manifiesto la necesidad de empeñarse con más ahínco en una estrategia de Estado que procure un futuro diáfano para nuestro orden económico y social y que garantice su seguridad y su capacidad de sobrevivir en entornos hostiles. La inteligencia económica, como la búsqueda exhaustiva de todos los elementos a tener en cuenta en una toma de decisiones en un contexto económico, puede ser un instrumento idóneo para lograrlo.

El dominio de toda la información geoeconómica y política que puede afectar a una toma de decisiones operativa o estratégica de una empresa no es tarea fácil, pero es posible y lo hacen cada día un mayor número de ellas. Menos fácil aún parece que un Estado se empeñe en poner datos e información al servicio de la seguridad y proyección estratégica de su economía, o de los sectores considerados estratégicos para su perímetro de seguridad económica, su supervivencia o para ejercer influencia en el concierto económico, social o militar de nuestro mundo. La evidencia demuestra que también es posible y que se hace cada día con más intensidad.

Los Estados de naciones de nuestro entorno se están dotando a pasos agigantados de un potente arsenal de nuevos instrumentos materiales e intelectuales de inteligencia económica y estratégica para afrontar escenarios diarios de crecimiento, crisis o de hostilidad económica hacia sus predicamentos, ordenamientos, actuaciones y despliegue empresarial. Los utilizan hacia dentro y fuera de sus fronteras, para extender su capacidad de influencia y para analizar con capacidad propia las nuevas oportunidades y amenazas de sectores vitales para el desenvolvimiento de su futuro en escenarios de plena integración geoeconómica.

En un contexto de dificultad extrema, los desafíos que afronta nuestra incipiente inteligencia económica, estratégica y de competitividad, las de nuestras empresas y de nuestro Estado son importantes. En primer lugar está la redefinición y potenciación de los objetivos de vigilancia e interpretación de datos e información que le son propios a un Estado estratega para afrontar los desafíos nacionales. Además de los tradicionales geopolíticos, militares y policiales, la inteligencia del Estado debe priorizar los económicos, utilizando en su propósito los medios más modernos disponibles para escudriñar las fuentes abiertas y privadas, como por ejemplo entrevistas con actores clave, así como especializarse en la información de carácter financiero y de capitales. El dotarse de alguna agencia o entidad de recolección, captura e interpretación de información que pueda ser usada por los diversos agentes económicos, esencialmente las pequeñas y medianas empresas que no disponen de instrumentos al efecto, aparece en el horizonte como algo esencial. Mimbres hay para hacerlo muy bien.

En segundo lugar, que el Estado se atreva a abanderar la importancia que para nuestro futuro estratégico (y para las empresas que lo soporten) tiene el concebir ese futuro globalmente, nuestro previsible lugar en él, y cómo utilizar las oportunidades y amenazas que en él vislumbremos, fruto de la diversa correlación de fuerzas que se proyecten, como herramientas para afianzar nuestra posición y desarrollo. Si la inteligencia económica y estratégica busca poner a disposición de las personas o instituciones que han de tomar decisiones de cierto carácter estratégico todos los elementos a tener en cuenta para hacerlo acertadamente, que el Estado sea un adalid para el tejido productivo español en actuar siempre con ese espíritu de dotarse de la mejor información posible y cooperar con él para conseguirlo sería muy deseable.

Para conseguir este objetivo se debería considerar, entre otros elementos, tener permanentemente parametrizado cuál es el panorama concurrencial de los sectores estratégicos a escala mundial para nuestro país, cuáles son los actores relevantes en los mismos, en qué terrenos tecnológicos y de desarrollo están involucrados, qué normas o estándares les afectan local o internacionalmente, qué posibilidades se abren para nuestras empresas o nuestros productos, nuestras universidades, etc. Todo ello, además del formidable trabajo requerido y la especialización subyacente, requiere de un no menos formidable trabajo de coordinación y priorización entre los diferentes ministerios involucrados, y de lealtad entre las diferentes Administraciones, así como de estructuras ágiles y con buenas interrelaciones con los instrumentos de la sociedad civil como son las Cámaras de Comercio, las asociaciones y organizaciones empresariales, etc.

En tercer lugar, potenciar iniciativas empresariales españolas fuertes -de idiosincrasia española al menos- que desarrollen y aglutinen toda la cadena de valor de la inteligencia estratégica y de competitividad para proporcionar a las empresas españolas, en nuestro territorio y en el exterior, los diferentes servicios tecnológicos, económicos, de seguridad, consultoría y operativos a todos los niveles que un despliegue comercial o de negocio requieren en el contexto de mundialización actual.

Por último, es necesario que el esfuerzo del Estado y de las empresas para hacer que el espíritu de búsqueda permanente de cómo ser más competitivos y mejores en lo social y en lo económico se cimiente en una formación sobre las bondades de utilizar nuestra inteligencia y diversidad de personas y las técnicas gerenciales de que disponemos para obtener la información mejor y más adecuadamente con los medios disponibles y así hacer frente en igualdad de condiciones a esa especie de guerra fría en lo económico con que cada día nos enfrentamos a todos los niveles.