Un español en Silicon Valley

La imparable revolución digital

Tengo una pregunta importante: ¿por qué internet ha crecido tan rápido en los diez últimos años? ¿Cómo es posible que en tan sólo una década el 25% de la población mundial esté conectada a la red? ¿Cómo es posible que en pocos años haya conseguido 1.400 millones de usuarios y miles de millones en volumen de negocio?

La televisión tardó 60 años en cubrir todo el planeta. El primer modelo comercial salió al mercado en abril de 1928, en España la recibimos en los años 50 y algunos países africanos tuvieron que esperar hasta los 90 para ver las primeras emisiones locales. La máquina de vapor aparece en 1712 pero no es hasta principios del siglo XIX que se comienza a aplicar a vehículos de transporte.

Los cambios tecnológicos requieren de períodos de adaptación. No sólo por el necesario componente de nueva infraestructura que requieren, sino por la necesaria maduración de formas de pensar y entender que permite la creación de nuevos modelos de negocio que hacen que esos cambios sean sostenibles económicamente.

Y es que creo que internet no es un cambio tecnológico en sí mismo, sino la consecuencia de varios cambios estructurales que se han venido dando durante los últimos 40 años y que han confluido en la aparición de internet. La gran revolución de la red de la última década no hubiese sido posible sin la gestación pausada de otra revolución aún más importante: la revolución digital.

La revolución digital tiene a mi juicio cuatro componentes fundamentales: la capacidad de almacenamiento de memoria electrónica, la potencia en los procesadores, el ancho de banda en la conexiones telefónicas y el número de puntos de acceso a la red. Veamos cómo ha evolucionado cada uno de ellos hasta el punto de ser los catalizadores del crecimiento exponencial de internet.

Hace 20 años el almacenamiento de información digital era limitado y muy costoso. Hoy es posible guardar gigas de información a un coste marginal muy reducido. Para poder procesar la información es necesaria almacenarla. Se suben 15 horas de vídeo a YouTube cada minuto, esto no sería posible sin una capacidad inmensa de almacenamiento a un precio muy reducido.

La potencia de proceso de los ordenadores es quizá el elemento más importante. Según la ley de Moore, uno de los fundadores de Intel, el número de transistores que se puede incorporar a un circuito integrado se duplica cada 18 meses. Es una ley que se ha demostrado válida a lo largo de los últimos 45 años y que permite que los ordenadores pueden hacer más y más rápido a una velocidad de cambio exponencial.

La red no sería posible si los ordenadores no pudiesen estar conectados y trabajar en remoto. La capacidad de la red telefónica para transmitir no sólo voz, sino datos, también ha sido un elemento fundamental para la aparición de internet.

El hecho de que se pueda acceder a la red no sólo desde un único ordenador, sino desde varios, incluido el móvil, hace posible la ubicuidad en el consumo de la información, otra pieza clave en el desarrollo de internet.

El ritmo vertiginoso de evolución de estos cuatro elementos es el secreto del éxito de la red. No deberíamos hablar de revolución de internet, sino de revolución digital. Sólo desde un seguimiento cercano de la evolución de estos parámetros es posible entender las últimas consecuencias de lo que supone internet.

Bernardo Hernández. Director mundial de Geomarketing de Google