Pequeños gigantes

"Creo en Dios y en el IVI"

Miles de mujeres acuden al Instituto Valenciano de Infertilidad buscando el 'milagro' del embarazo, ya que el centro es referencia mundial por sus resultados e innovación.

El caso de Mariola Ballester, de 34 años, podría ser el de cualquier mujer que acude a una clínica de fertilidad. Cuando su ginecóloga le indicó que ella y su pareja tendrían dificultades para conseguir un embarazo tuvo una sensación de frustración: "Un ahogo muy grande. Es horrible. ¡Que yo no puedo ser madre!". Precisamente ella, que se considera "muy niñera". Por eso decidió acudir, en 2004, al Instituto Valenciano de Infertilidad (Grupo IVI) en su propia ciudad, en Valencia. "Creo en Dios y en el IVI", dice tras su paso por el centro.

Lo que Mariola seguramente no conocía es que miles de mujeres de todo el mundo acuden a las clínicas de IVI por su excelente reputación. En 2008, el Grupo realizó 21.046 tratamientos de reproducción asistida, con 3.585 pacientes extranjeras, muchas de ellas en sus clínicas de fuera de España.

Las pacientes que llegan a IVI son de casos "generalmente bastante límite" recomendados por otros médicos, reconoce José Remohí, copresidente y fundador del grupo. El tratamiento con el que empezó Mariola fue por el que casi todas comienzan: la inseminación artificial, por el que el esperma es introducido instrumentalmente en el cuerpo de la mujer. No dio resultado.

Segundo paso. La fecundación in vitro o cuando la unión de los ovocitos y espermatozoides se realiza fuera del cuerpo de la futura madre. En 2005, a la primera, se queda embarazada. "Organizo una paella. 28 personas en mi casa. Se lo digo a todo el mundo". Pero en la séptima semana sufre un aborto.

A ella su médico le decía que se quedaría embarazada. Las fotos de bebés que cuelgan en muchas salas del IVI, enviadas por padres agradecidos, muestran que el milagro era posible. "Son casos muy raros los que no tienen solución. La esterilidad no es una enfermedad, es un muro", explica el doctor Remohí. Una pared con la que se choca continuamente, pero que al final se salta.

El retraso sociológico en la maternidad, a edades superiores a 30 años, provoca que las mujeres tengan cada vez más problemas para quedarse embarazadas. Desde 2006, las futuras madres tienen un nuevo aliado: la vitrificación de los óvulos (una congelación más avanzada). "Es una revolución social", asegura el doctor, ya que se pueden preservar hasta cuando las clínicas necesitan las donaciones o los propios óvulos de mujeres que no quieren tener sus hijos hasta la treintena o cuarentena. "Una mujer de 40 años es joven para ser madre", opina. En el IVI fueron los primeros en el Viejo Continente en conseguir embarazos de óvulos vitrificados. "En eso estamos revolucionando Europa y el mundo", asegura Remohí.

Y es que lo que caracteriza el éxito del Grupo IVI es su apuesta por la investigación y por aplicar la innovación para conseguir que cualquier caso tenga solución. Remohí explica que la empresa se basa en tres pilares: la excelencia clínica, estando al día de las investigaciones en todo el mundo; la realización de sus propios estudios y publicaciones, y la docencia como Instituto Universitario de la Universidad de Valencia. Cualquier médico debe tener su propia línea de investigación, si no, no trabajará en la empresa.

Su estilo es made in USA. Allí acudieron a estudiar dos amigos en los ochenta, el propio Remohí y Antonio Pellicer, los dos valencianos recién titulados en Medicina. "Fue una huida hacia delante, viendo el futuro difícil de paro en España".

A su vuelta montaron el IVI en un bajo de la calle Guardia Civil, en la capital levantina. Era 1990. En esa época quien se considerara médico reputado, cuenta Remohí, trabajaba en la sanidad pública por la mañana y pasaba consulta privada por la tarde para hacer dinero. Ellos buscaron el trabajo en equipo y especializarse en una única parcela, al estilo de EE UU, según Remohí. "Nadie nos comprendía. Nos juntábamos dos ginecólogos e invertíamos todo en esto. Nos decían que cómo apostábamos todo en ver estériles. ¿Hay tantas estériles en Valencia para sobrevivir?, nos preguntaban". El boca a boca y los primeros resultados clínicos les dieron la razón. Gracias a ellos han nacido 30.000 niños.

"Hemos intentado ser vanguardia", asegura Remohí. Empezaron dejando de lado "los protocolos clásicos" como biopsias y laparoscopias, dolorosos para las mujeres e ineficaces. "Fuimos muy criticados". Ya en los noventa empezaron con la inseminación artificial y la fecundación in vitro. Desde el primer momento decidieron invertir el 10% de sus ingresos a la investigación.

"Fuimos pioneros en la ICSI", la microinyección intracitoplásmica de espermatozoides que se realiza en la fecundación in vitro. "Segundos en el mundo en una ICSI con biopsia de testículos". Y los primeros en conseguir un embarazo con semen congelado procedente de tejido testicular. "Esto revolucionó el mundo de la esterilidad". Y los primeros en España en lograr, gracias a un diagnóstico previo antes de implantar el óvulo en la madre, que naciera sano un bebé cuyos padres eran portadores de fibrosis quística.

Otro punto clave del éxito consiste en una dedicación plena. "Si hay que hacer un tratamiento en Navidad, se hace el día de Navidad, no el día 26", asegura el médico. Eso le diferencia de "la fuerte competencia" de la sanidad pública, donde todo el ciclo es gratuito, más en época de recesión. "La crisis afecta. Yo lo veo en los pacientes. Se lo piensan más. Tienen miedo a repetir", a no quedarse embarazados a la primera. Y el abandono, precisamente, es la razón principal del fracaso de los tratamientos.

Mariola sí insistió. Pasó una segunda fecundación in vitro y una tercera, sin resultados. "Yo me preguntaba si me estaban sacando el dinero. Veía embarazadas por la clínica y pensaba que las paseaban a propósito". 18.000 euros después, y en el cuarto intento, se quedó embarazada. El 17 de marzo de 2007, un día antes de Fallas, nacieron Carla y Aitana, sus mellizas. Ahora hace de voluntaria para explicar a futuras madres su caso.

Las claves

Cifras

Los incrementos en los ingresos de los últimos años superan los dos dígitos. En 2008 el grupo facturó 95 millones de euros, un 23% más que en 2007. Da empleo a casi 1.000 trabajadores, en una plantilla con el 84,5% de mujeres y que cuenta con 200 ginecólogos y biólogos.

Glogal

El grupo cuenta con 18 clínicas en siete países. En España tiene centros en Valencia, Madrid, Barcelona, Sevilla, Almería, Castellón, Murcia, Vigo, Alicante y Bilbao. También ha apostado por Latinoamérica, con médicos que previamente se han formado en España: México, Santiago de Chile, Panamá y Buenos Aires se unen a los europeos de Lisboa y Estambul. Aunque muchos ciudadanos comunitarios (sobre todo de Alemania, Italia y Reino Unido) acuden hasta España para seguir los tratamientos -en sus propios idiomas-. Próximamente también atenderán a pacientes en Zaragoza, Las Palmas de Gran Canaria y Salvador de Bahía (Brasil).

Los fundadores

Antonio Pellicer y Pepe Remohí, aparte de fundar y ser propietarios de IVI, son bien conocidos en el mundo académico. Pellicer se doctoró en la Universidad de Yale y actualmente ocupa la cátedra de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Valencia, dirige el servicio para futuras madres del Hospital de La Fe, ha publicado más de 170 trabajos en revistas internacionales y ha escrito 16 libros sobre esterilidad en la pareja. Remohí, doctorado por la Universidad de California, también es catedrático de los mismos estudios y en el mismo centro que su colega. Ha publicado 120 artículos de investigación y es autor de nueve obras.

Células madre, carné genético y bebés a la carta

La investigación de la compañía se canaliza a través de la Fundación IVI, dirigida por el profesor Carlos Simón. Su equipo consiguió en 2004 las primeras líneas celulares en España a partir de células madre embrionarias. La innovación en genética, los cultivos de embriones o la congelación de óvulos y esperma son ejes fundamentales de su trabajo.

Los resultados se pueden ver en ejemplos como el primer embarazo en el mundo tras un implante de tejido ovárico después de superar un cáncer. O en la selección genética de un bebé que pueda salvar la vida de su hermano enfermo. En 2008, IVI tramitó seis solicitudes, y ya trabaja en cuatro de ellas, con la esperanza para los padres de conseguir un embrión compatible que pueda curar enfermedades de sus hijos.

El grupo también ha creado, en 2009, una nueva sociedad llamada iGenomix, su división genética. Uno de sus servicios ofrece un carné genético de los bebés, que sirve para identificar al niño y su predisposición a ciertas enfermedades. Puede resultar útil para aquellos padres cuyo hijo provenga de un programa de donación de óvulos o semen.