Nuevo auge

La segunda oportunidad de la minería española del carbón

El encarecimiento de las importaciones reactiva la industria.

Hace casi 20 años que al sector de la extracción del carbón se le colgó el cartel de industria en vías de extinción. Demasiado complicado de extraer para sostener una industria rentable, demasiado contaminante para cumplir con los esquemas de Kioto y demasiado rudo para ser transformado fácilmente en energía, el carbón autóctono ha ido perdiendo importancia en el mix energético hasta significar únicamente el 7% de la electricidad que se genera en España.

Si en los años ochenta los 40 millones de toneladas de carbón que se extraían de las cuencas mineras de Asturias, León y Galicia servían para cubrir el 80% de las necesidades de mineral y una tercera parte de la demanda total de energía, hoy el nivel de producción ronda los 18 millones de toneladas y las eléctricas importan dos terceras partes del carbón que consumen. El saldo de estas dos décadas de reconversión es conocido. Cientos de empresas cerradas, comarcas enteras sumidos en la depresión y 200.000 empleos perdidos, amén de los miles de millones de recursos públicos consumidos en planes de reestructuración.

Dentro de este panorama, los últimos meses han abierto una rendija de luz en un sector que parecía condenado a una lenta e inexorable desaparición.

La escalada del barril de crudo -que ha llegado hasta la barrera de los 200 dólares-, los conflictos por las redes de abastecimiento de gas y el encarecimiento del carbón importado han variado la mirada con la que empresas y Administración observan la extracción de carbón en España.

El carbón español, de moda

Ahora, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, recalca, siempre que tiene oportunidad, el carácter estratégico del carbón como fuente de energía autóctona; y las empresas eléctricas ya han asumido la necesidad de mantener la generación de sus centrales térmicas como colchón de seguridad frente a la volatilidad de los mercados.

No es sólo una apuesta estratégica, también una necesidad económica. Las empresas extractivas admiten que los pedidos que les hacen las compañías eléctricas han crecido exponencialmente en los últimos meses ante las singulares condiciones del mercado, y aprovechando que los precios del carbón nacional -subvencionado con fondos públicos- se revisa cada uno, tres o cinco años, no a diario como en los mercados internacionales. Los sindicatos se han apresurado a pedir más. 'En las condiciones actuales de mercado, el coste de trabajar con carbón extranjero es de 77 euros por megavatio hora; con gas, de 64 euros; y con carbón nacional, de 59 euros por MW hora. Producir carbón vuelve a ser rentable', señalan desde UGT. Y bajo esta premisa han lanzado una campaña, respaldada políticamente por los ayuntamientos de cuencas mineras, para reabrir explotaciones, ahora cerradas, y dar así respuesta a la renacida demanda.

A la resurrección de la industria tradicional se une la expectativa creada por el carbón limpio. Enel ha puesto en marcha en Italia una central térmica que mejora el rendimiento energético del carbón con un 30% menos de emisiones contaminantes. En España, Industria y eléctricas se han implicado en un proyecto, el Cénit CO2, que pretende desarrollar plantas térmicas poco contaminantes y de alto rendimiento. El plan, con un presupuesto de 20,5 millones, tiene el objetivo de reducir un 30% el coste de generación de electricidad con carbón y un 25% las emisiones contaminantes.

La emisión de CO2 de las centrales pasa una factura de 567 millones

De las 23 centrales térmicas operativas en España, 19 superan la asignación gratuita de emisiones contaminantes del Ministerio de Industria, dos están por debajo y dos no informan sobre sus emisiones de CO2 a la atmósfera, según datos de Greenpeace.

En un mercado que penaliza las emisiones contaminantes, la alta suciedad de las plantas que queman carbón se ha convertido en un problema económico para las compañías eléctricas.

Si en los próximos meses se mantuviera el actual coste que tiene en el mercado la tonelada de CO2 (30 euros), las eléctricas españolas se verían obligadas a pagar una factura de 567 millones de euros por las emisiones contaminantes de sus centrales térmicas.

Endesa y Unión Fenosa se han lanzado a la investigación de métodos de generación limpios que capturen y almacenen el CO2 para detener esta sangría de recursos, aunque de momento no han encontrado un modelo rentable.

Una actividad que recibe 2.500 millones al año en ayudas públicas

Si hoy existen todavía empresas que se dedican a extraer carbón de las minas y más de 8.000 personas que viven de ello es, en buena medida, por las subvenciones estatales. Entre ayudas a la reestructuración y reactivación de las comarcas mineras, subvenciones a la producción autóctona, formación y pagos por prejubilaciones, el carbón se lleva anualmente 1.500 millones de euros de los Presupuestos Generales del Estado. Si a esta cantidad se suman las emisiones de CO2 de las centrales térmicas que asume directamente el Estado (unos 1.000 millones), el importe de la ayuda pública asciende a 2.500 millones.

La patronal de las compañías extractoras, Carbunión, cree imprescindibles estas subvenciones, sin las cuales el sector 'no sería rentable'. Bruselas, por el contrario, las ve con malos ojos e incluso ha abierto alguna investigación de competencia, con el voto favorable del ahora vicepresidente, Pedro Solbes.