Hacia un nuevo orden financiero

EE UU toma el control de AIG para que pueda liquidar los activos 'con orden'

El Gobierno concluyó el martes por la noche que la quiebra de AIG acarrearía consecuencias desastrosas para el sistema financiero mundial y, en general, para las economías. Sin ninguna ayuda del Gobierno, a la aseguradora no le hubiera quedado más salida que presentarse ante el juez. El auxilio llegó desde la Fed como un préstamo de 85.000 millones de dólares a cambio del control de la firma y condiciones que obligan a la venta de activos para devolver el dinero.

Maurice Hank Greenberg, quien fuera consejero delegado de AIG durante 35 años y, de hecho, quien ha convertido a esta aseguradora en la mayor del mundo, se lamentaba el martes en la televisión de la situación de una firma que él calificaba de 'tesoro nacional'. Ayer, el Estado tomó el control efectivo de esta entidad que, pese a su tamaño y el buen estado de muchos de sus negocios de seguros, ha hecho aguas y acabado con su liquidez por la actividad de una sola de sus divisiones de alto riesgo.

La toma de control por el Estado, que equivale a su práctica nacionalización, se anunció a altas horas de la noche en Nueva York, madrugada en España por la Reserva Federal. En su comunicado, la autoridad monetaria anunció la concesión de un crédito de 85.000 millones de dólares (59.230 millones de euros) para AIG, pero no del tipo puente deseado por sus gestores. El dinero, que está a disposición de la firma durante los próximos dos años, se ha prestado en unas condiciones duras porque supone poner en riesgo fondos de los contribuyentes, una vez más, en una operación de rescate de una entidad.

Muchos de los detalles de la operación no se conocían ayer a cierre de esta edición, pero lo que sí que se conocía es que el Gobierno se hace con una participación del 79,9% en forma de warrants. Además, el préstamo se hace con un tipo de interés muy duro, de 8,5 puntos más líbor, algo que suele ser aplicable para los préstamos a corto plazo. Brian Bethune, analista de Global Insight, decía ayer que ésta es una acción 'similar a la recientemente tomada con las GSE, Fannie Mae y Freddie Mac'. Greenberg, que ha perdido más de 4.000 millones de dólares con la caída de la cotización de la firma, también lo calificó como una nacionalización.

Una de las exigencias de las autoridades es que se debe producir el cambio de sus gestores. Ayer, se nombró a Edward Liddy, ex consejero delegado de Allstate, para sustituir al actual primer ejecutivo Robert Willumstad, un directivo que rechazó una oferta de compra por parte de Allianz, la mayor aseguradora de Europa, dos días antes de que se aceptara la oferta de control del Gobierno, según informa Bloomberg.

El aval del préstamo lo constituyen todos los activos del grupo, incluidos sus rentables negocios de seguros. Es algo que le da una cierta seguridad al Estado y puede aportar una cierta rentabilidad a una inversión que si es extraña para cualquier Gobierno, lo es más para el estadounidense debido a su teórica política de no intervencionismo y el hecho de que los seguros ni siquiera están regulados a nivel federal.

No obstante, el plan de la Fed es que AIG repague sus obligaciones 'con lo que obtenga de la venta de sus activos'. La autoridad monetaria, que trabajó para diseñar este rescate con el Tesoro, explicaba en su breve comunicado que el préstamo 'facilitará un proceso bajo el cual AIG venda determinados activos en una forma ordenada de manera que cause la menor complicación posible de la economía'.

La Fed tomó la decisión de ayudar a AIG después de que la opción de crear un fondo privado por parte de la banca de inversión para proporcionarle el dinero con el que resolver su crisis de liquidez fuera imposible de ejecutar. Es algo que ya se hizo en los noventa con el rescate de Long Term Capital Management, pero que esta vez no ha funcionado.

Así las cosas, la Fed y el Tesoro se encontraron en la tesitura de tener que ofrecer el dinero para evitar los riesgos sistémicos que la caída de AIG pudiera conllevar. El intenso negocio de credit default swaps que ha hecho AIG a la banca de todo el mundo habría obligado a sus clientes a hacer una fuerte rebaja del valor de sus activos, algo que hubiera tenido repercusiones en todo el sistema financiero y la economía.

El Tesoro capitaliza la Reserva Federal

Las inyecciones de capital que comenzó a hacer la Fed hace más de un año en los mercados y que ha repetido esta semana están pasado una lógica factura a su balance.

A 10 de septiembre, y según informa Bloomberg, la Fed poseía títulos del Tesoro por valor de 478.000 millones de dólares, cuando a principios de año su caja era de 741.000 millones. Tony Crescenzi, analista del mercado de bonos de Miller Tabak & Co, estimaba ayer que el rescate de AIG puede dejar a la autoridad monetaria con apenas 195.000 millones.

El Tesoro quiere remediar esta situación, sobre todo porque es la única manera de facilitar que se inyecte más dinero en caso de necesidad.

Y lo hace con más emisión de deuda. El departamento de Henry Paulson anunció que va a hacer una serie de subastas de títulos del Tesoro y, de hecho, ayer comenzó la primera, valorada en 40.000 millones de dólares.

El anuncio se produce apenas horas después de que la Fed haya facilitado un préstamo a dos años a AIG y, en marzo, garantizara el riesgo de Bear Stearns para que JPMorgan accediera a comprar la firma. Adicionalmente, el Tesoro se ha comprometido a introducir hasta 200.000 millones de dólares en Fannie Mae y Freddie Mac. Todo eso se une a las inyecciones de dinero y la apertura de la ventanilla de descuento de la Fed para añadir liquidez a la banca comercial y, excepcionalmente, a la de inversión para evitar el cierre completo del mercado del crédito.

La Fed amplía así su balance para tener capacidad de mantener durante esta crisis crediticia la mayor intervención que ha hecho la institución monetaria desde los años de la Gran Depresión.