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Reikiavik, pura energía

La capital islandesa, que se asienta sobre más de un milenio de historia, es en la actualidad una ciudad donde parece habitar la última utopía.

Son las tres de la madrugada y luce un sol magnífico para la hora que es. El distrito 101 de Reikiavik bulle a esas horas del verano. En la puerta de los bares la gente se agolpa esperando entrar. El sol de medianoche desde finales de junio hasta principios de septiembre transforma el carácter de la ciudad y de sus habitantes. Para un espectador con prejuicios sobre el tópico del aburrimiento de los nórdicos, éste se cae aquí inmediatamente.

Reikiavik, ciudad crepuscular y extrema, colindante con el círculo polar ártico, parece una pequeña aldea irreal en una bahía de un confín de este mundo; es la cala de humo, según la traducción del antiguo dialecto del que proviene el islandés actual. La periodista Alda âlafsson describe así la ciudad: 'Intensa cultural y socialmente, típicamente nórdica, limpia y correcta, y agradable a la vista. Sus calles y bares rezuman vida por la noche, a pesar de que el tiempo normalmente no invita mucho a salir de casa. Si pensamos en su tamaño, es lo más parecido a un pueblo y la cercanía entre sus ciudadanos sorprende a los extraños. No es raro, por ejemplo, cruzarse con un diputado o un importante escritor en el supermercado. Eso sí, si lo que se desea es conocer las costumbres y forma de ser de los islandeses, lo mejor es acudir a una de las numerosas piscinas públicas de la ciudad, en concreto, a los pozos calientes, verdaderos lugares de encuentro y cotilleo'.

No es una ciudad monumental, de hecho bastan un par de días paseando tranquilamente para recorrer y visitar toda la capital. Un lugar adusto donde todo está cerca y es próximo. En una mañana de agradable paseo entre el puerto y el lago en su casco antiguo podemos visitar la Casa de Gobierno y el Parlamento, la Biblioteca y el Teatro Nacional, su avenida principal, Laugavegur… y su único exceso vertical, la iglesia de Hallgrímur, el templo protestante de casi 75 metros en cuyo frente está la estatua de Leif Eriksson, hijo de Erik El Rojo, que recaló en América, Vinland, 500 años antes que Cristóbal Colón.

Desde el campanario de la iglesia tendremos una panorámica perfecta de este microcosmos urbano. Arquitectura funcional donde la impronta del protestantismo ha evitado cualquier elemento accesorio, por innecesario, en sus calles. La obra del arquitecto finlandés Alvar Aalto en el Museo Nacional y la Casa Nórdica son buenos ejemplos de esto. Un urbanismo amable en el que impera el espíritu práctico.

Los apenas 200.000 habitantes de este espacio urbano funcional han hecho a medida una ciudad sometida a condiciones adversas. En mayo pasado un terremoto de magnitud 6,2 en la escala de Richter se hacía sentir en la capital y la población asumía de nuevo que viven en un país donde la naturaleza manda sin contemplaciones. El escritor Xavier Moret describió este país como 'vértebras de un inmenso y complejo organismo vivo que amenaza con despertar cualquier día'.

La capital islandesa parece también la última utopía. Ejemplo de libertad de expresión, según el último informe de Reporteros sin Fronteras. Energía geotérmica y agua termal canalizada para hogares y piscinas al aire libre. Contaminación cero. Uno de los PIB per cápita más altos del mundo. La población con el índice de lectura más elevado. Una sociedad interconectada pionera en el uso generalizado de internet. Capital de un país sin ejército.

A finales de la década de los ochenta un grupo musical, The Sugarcubes, y su joven vocalista Bjork descubrían al mundo un país recóndito. En estas fechas se publicaba la novela 101 Reikiavik, de Hallgrímur Helgason, la gélida apariencia de la ciudad se funde en una realidad vibrante y caliente. Llevada al cine por el director Baltasar Kormakur con la participación de Victoria Abril, que, según parece, fue reacia al principio por la idea de un rodaje invernal, pero se enamoró después del país. La ciudad, sobre todo en verano, tiene una intensa vida nocturna.

La gran ventaja de Reikiavik es paradójicamente su ubicación en el planeta, a sólo cuatro horas de avión, por ejemplo, desde Nueva York y también desde Madrid. Esto ha propiciado un trasiego de gente joven que buscaba experiencias singulares. El Kaffibarin y el Sirkus fueron los lugares de peregrinaje obligados de artistas y músicos que avivaron las noches de la capital.

La última partida de Bobby Fischer

Es necesario recordar que la ciudad fue el escenario de la partida de ajedrez que en 1972 enfrentaba al representante norteamericano, Bobby Fisher, y al soviético Boris Spassky. La Guerra Fría se dirimía en un tablero de ajedrez. Estados Unidos y la antigua URSS se jugaban el prestigio intelectual sobre una mesa que escondía todas las tensiones del mundo, incluidas la carrera armamentística, los sueños espaciales y la megalomanía de los dos bloques, equidistantes geográficamente allí, en Reikiavik. En 1986, Reagan y Gorbachov escogieron la casa Hofdi, en la capital, para dar el primer paso que acabaría con la Guerra Fría.

Este año moría el genio atormentado de Bobby Fischer, tras haber pedido asilo político en Islandia, haciendo coincidir la edad de su muerte con el número de casillas del tablero. Cosas que sólo pueden suceder en ese país.

Entre los museos que nadie debería perderse si visita la ciudad está el de las Sagas, en la colina de Perlan, otro de los miradores privilegiados de la urbe, donde se atisba ya el contorno de la desbordante naturaleza del país. Las Sagas, Eddas, son la tradición literaria islandesa, relatos narrados con el más vivo espíritu de la literatura fantástica actual. Para Jorge Luis Borges el valor literario de las Eddas es fundamental: 'En el siglo XIII, los islandeses descubren la novela, el arte de Cervantes y Flaubert, y ese descubrimiento es tan secreto y tan estéril para el resto del mundo como su descubrimiento de América'.

Hace unos años en el aeropuerto internacional de Keflavik, a pocos kilómetros de la capital, el turista era recibido con el cartel: 'El secreto mejor guardado de Europa'. Parece que ahora Islandia es uno de los destinos de moda, sobre todo en verano. Lo cierto es que, como tantos otros lugares del mundo, el acceso turístico debería reglamentarse. Si Reikiavik o Islandia se masifica perderá automáticamente su identidad apacible, limpia y única. Se trata de un bien escaso que hay que saber valorar. Deberíamos aprender de los islandeses que son capaces de desviar la construcción de una autovía si a su paso discurre por los lugares que consideran mágicos.

Guía práctica

Cómo ir

¦bull; La compañía aérea Iceland Air (www.icelandair.es; tel.: 932 17 91 42), dispone en verano de vuelos regulares desde Madrid y Barcelona que rondan los 400 euros.

¦bull; Si lo que se pretende es recorrer todo el país, es recomendable el alquiler de un vehículo que en Islandia es muy caro, la mejor opción es alquilarlo en Noruega, más asequible, y embarcarlo, por ejemplo, desde Bergen.

Dormir y comer

¦bull; Existe una oferta limitada en esta aldea y los precios en ocasiones pueden resultar excesivos. La Oficina de Turismo de Islandia (535 55 00; www.visiticeland.com) recomienda: Fosshotel Baron, el Center Hotel Skjaldbreid, Gardur Inn, Hotel Plaza, Holt Hotel, Hotel Borg, Icelandair Nordica Hotel, Center Hotel Klopp o el hotel de la cadena Radisson, SAS Hotel.

¦bull; La oferta gastronómica es abundante y de calidad. Es necesario atreverse con las especialidades locales, el cordero, el excelente pescado y marisco, pero cuidado con el intenso sabor de la carne de tiburón, no todo el mundo puede con él. Los productos lácteos son excelentes como el skyr. Los restaurantes Humarhúsi y Sjávarkjallarinn destacan por el marisco y, en concreto, las cigalas. Para tomar buen bacalao, Rír frakkar. El restaurante en la colina Perlan es un lugar idóneo para cenas especiales por las vistas.

¦bull; Para picar y almuerzos a precios razonables: Apótek y Hótel 101, Vegamót y Kaffi Sólon.

¦bull; Los cafés de la capital son lugares de encuentro y también de lectura cuando el tiempo es desapacible o lluvioso. A destacar, Súfistinn, en la planta superior de la librería; Mál og menning o Kaffi Hljómalind. No olvide algún buen libro: La isla secreta, de Xavier Moret, sobre Islandia; 101 Reikiavik, de Hallgrímur Helgason, o el clásico del Nobel islandés, Los peces también cantan, Halldor Laxness.

Datos prácticos

¦bull; No olvide nunca el bañador, a pesar de viajar en invierno. En la ciudad existen piscinas termales públicas, la playa térmica o el complejo privado de aguas termales Blue Lagoon a las afueras. Cuidado al salir del agua.