Miguel López Melero

"La inteligencia no sólo se hereda, también se construye"

Galardonado con el Premio Caja Navarra por su investigación sobre el aprendizaje de las personas con síndrome de Down, defiende un modelo educativo que valore las diferencias

Desde que a los nueve años contrajo una poliomielitis que le mantuvo dos cursos alejado de la escuela, Miguel López Melero sabe qué significa crecerse ante la dificultad. Reconocido con el premio Caja Navarra por sus 14 años de trabajo en un nuevo modelo educativo para niños con síndrome de Down, su vocación investigadora va aún más allá. Desde 1990 dirige el proyecto Roma, una institución de referencia para la pedagogía contemporánea cuyo objetivo es demostrar que la inteligencia no está determinada de modo inapelable por la genética, sino que puede ser construida y desarrollada a partir de las diferencias y mediante una educación y un entorno adecuados.

Cuando inició el proyecto Roma ya llevaba años trabajando en el aprendizaje de las personas con síndrome de Down. ¿Qué le llevó a poner en marcha esta iniciativa?

No estaba contento con lo que había hecho hasta aquel momento. Es verdad que los niños con los que trabajaba habían aprendido a leer y a escribir, pero el entorno familiar y escolar no había cambiado en absoluto. El proyecto Roma nació para cubrir esa laguna. Hasta entonces sólo me había centrado en los niños; a partir de ahí comencé a hacerlo también en el contexto, en las familias, en las escuelas.

¿Qué pretendía demostrar?

El primer objetivo era construir una nueva teoría de la inteligencia. Hasta entonces se hablaba de que la inteligencia era heredada y, por lo tanto, no se podía modificar. La pregunta que nos hicimos fue: ¿la inteligencia se hereda o se construye? Si sólo se hereda, de nada sirve la educación; si se construye, como nosotros sostenemos, estamos en otro modelo. También queríamos estudiar los valores que surgen en familias y escuelas cuando hay un niño con un handicap.

En el proyecto Roma participan familias con hijos con síndrome de Down. ¿Qué les dice cuando acuden a usted?

Lo primero es lograr que los padres, cuyo mundo se ha roto en mil pedazos, recuperen su vida. Hay que hacerles entender que lo que pueda lograr su hijo depende de ellos. Al principio les digo que traten al bebé como si no tuviese ningún problema, es un bebé y necesita lo que cualquier bebé. En la segunda fase todo depende de lo que hagamos nosotros, la familia y la escuela. Si el niño no tiene ningún problema adicional hay que estimular su inteligencia. El cerebro es como un músculo, se puede desarrollar.

¿Cómo se realiza ese proceso?

Antes de nada se elabora un modelo educativo que es distinto para cada caso y que comprende al niño y a la familia. Yo doy a los padres un informe sobre cómo deben trabajar para que ese niño pueda desarrollarse y convertirse en un adulto autónomo. Si el niño tiene problemas de atención, por ejemplo, les enseño ejercicios que se pueden hacer en casa para corregir ese déficit. Si tiene dos o tres años se le puede llevar a la compra y después clasificar en la despensa los alimentos. O hacer la colada y hacerle separar la ropa blanca de la de color. La clave es desarrollar procesos lógicos en la vida cotidiana que le permitan desarrollar procedimientos cognitivos.

El trabajo, entonces, comienza desde que son muy pequeños.

A los cinco días de nacer estos niños ya están en la universidad. Y lo están porque no es lo mismo dar de mamar a un bebé entre lágrimas que hacerlo sabiendo que su desarrollo depende de ti, de tu sonrisa, de tu orgullo hacia él. Yo enseño a los padres que eso va a dar competencias al bebé. Les enseño que un buen día ese niño empezará a hablar, tal vez lo haga a los 11 meses y no a los seis, pero lo hará, y comenzará a andar, quizá tarde algo más que otros, pero lo hará.

Y un día irá a la escuela. ¿Cómo son los colegios que participan en el proyecto Roma?

Nuestro modelo educativo es cooperativo, solidario y estimula el razonamiento deductivo. Se trabaja en grupo y en escuelas ordinarias. Un síndrome de Down se desarrolla mejor con niños sin ese handicap que con otros síndromes de Down. A priori se piensa que no son capaces de aprender. Nosotros creemos que necesitan la confrontación con niños más potentes intelectualmente. Si los niños fuesen perfectos no habría progreso, el error es necesario.

¿Todos pueden aprender?

Genéticamente hay tres grupos de síndromes de Down y, a priori, no todos tienen la misma competencia cognitiva. Pero el ser humano no es sólo genética, también es educación. Nosotros hemos educado a niños que han superado a otros que, en principio y desde ese punto de vista, partían con ventaja. La educación es absolutamente fundamental.

Un modelo educativo para todos

El modelo educativo que Miguel López Melero ha desarrollado en el proyecto Roma tiene vocación universal. Sus innegables éxitos pedagógicos -el más célebre es el caso del joven Pablo Pineda, primer europeo con síndrome de Down que obtiene un título universitario- no se circunscriben a este colectivo, sino a la población en general. 'El éxito del proyecto Roma no es tanto en los niños con síndrome de Down como en el resto. Es un método nuevo para las escuelas, para todos los niños', explica el catedrático.

Además de un método de enseñanza basado en la cooperación, el trabajo en grupo y el razonamiento deductivo, la experiencia de los colegios adscritos al proyecto ahonda en los valores. 'Los valores del resto de los niños cambian. Se hacen más pacientes, más comprensivos, más bondadosos'.

No ocurre lo mismo con el entorno social que acoge a los titulados con síndrome de Down. 'Estas personas pueden terminar una carrera universitaria, pero no se les da la oportunidad de trabajar en aquello en lo que se han formado. æpermil;sa es la vergüenza'.

Ser diplomado en Magisterio y no poder enseñar

Pablo Pineda trabaja como preparador laboral de personas con discapacidad en un programa financiado por el Ayuntamiento de Málaga. Diplomado en Magisterio y educado en el proyecto Roma bajo la supervisión de Miguel López Melero, Pineda es el primer europeo con síndrome de Down que obtiene un título universitario. Le encantaría dar clases, confiesa, pero por el momento no lo ve factible. 'La Constitución española establece que los funcionarios públicos acceden por mérito y capacidad y eso, en cierto modo, excluye de forma indirecta a las personas con algún tipo de handicap', explica.

No es sólo un problema legal. 'Es difícil que la sociedad acepte que un síndrome de Down enseñe. La sociedad está acostumbrada a que aprendamos, no a que enseñemos'. Partidario de la desaparición de la rama de enseñanza especial -'afortunadamente las escuelas de integración están desplazando a los centros especiales'- guarda una deuda imborrable con el proyecto Roma. 'Para mí lo fundamental del proyecto es que nos dio voz por primera vez. Ha permitido que en la familia, en la escuela y en la sociedad comiencen a darse cuenta de que las personas con Síndrome de Down tenemos nuestra voz y nuestra opinión'.

¿La batalla más dura? 'Sin duda, los prejuicios de la gente. Tienes que estar demostrando continuamente que eres competente y eso es muy duro y desgasta mucho. Es mucho más difícil que estudiar', confiesa con cierto humor. Como ejemplo, cuenta cómo algunas mujeres mayores se ofrecen a ayudarle a cruzar la calle. '¿Qué haces ante eso? No puedes rechazarlas porque lo hacen con buena intención y, además, sería una descortesía. Pero, ¿qué puedes hacer?'.